¿Quién es un laico?

Un laico es un bautizado y por tanto un miembro de la Iglesia de Dios –todos los laicos, bautizados, constituimos una comunidad de fe, todos tenemos la misma esperanza y estamos unidos entre nosotros por lazos de amor .

El laico ha adquirido consistencia propia, que ha ido aflorando progresivamente en la conciencia de la Iglesia, a través de los grandes movimientos de espiritualidad y de apostolado que se iniciaron en los últimos decenios del siglo pasado y que alcanzaron su mejor florecimiento con la Acción católica en sus diversas expresiones.

¿Cúal es el lugar del laico en la Iglesia de Dios?

Los laicos viven la experiencia de las rápidas y profundas transformaciones de la vida social (GS 4ss), de sus esperanzas y de sus angustias, de su progreso y de sus desequilibrios y de la repercusión que todo esto tiene en la fe y en la vida ecclesial.

Estas formas de reto a la fe, ponen en crisis los valores espirituales; y en consequencia, estimulan a los cristianos a una renovación de su forma de pensar y de obrar, a intentar la apertura y el diálogo.

Los cristianos laicos tienen todos los derechos ciudadanos del mundo y de los miembros de la Iglesia.

¿Cual es la misión del laico en las estructuras de la sociedad?

“Responder a la llamada de sguir a Cristo en la realidad cotidiana humana, de familia, de su trabajo, del compromiso de transformación y de mejora de la condición de vida, que implica la dimensión social, cultural, política, etc. Se trata de una continua confrontación e integración progresiva entre Dios, que habla en la historia de los hombres, en las expresiones que brotan de la fe y de la vida eclesial y en las siempre nuevas esperanzas de la sociedad.

Referencias Bíblicas:

NUEVO TESTAMENTO: Encontramos más que una espiritualidad propia de los “laicos”, la llamada a vivir simplemente la vida en Cristo y en el Espíritu dentro de la situación concreta en que se encuentra cada uno.

El NT concibe la Iglesia como unidad de salvación que tiene su origen en Dios mediante Jesucristo y que es enviada al mundo. Los miembros de esta comunidad, designados como llamados, santos, discípulos, hermanos, son constituidos como tales mediante una llamada de Dios en Cristo, que hace de ellos un pueblo escogido (1 Pe 1, 10), separado del mundo, pero para ser en él signo, testimonio de Dios y fermento de santificación.

Todos juntos forman una unidad, un pueblo, el edificio de Dios (1 Pe 2, 5-10; 1 Cor 3, 16-17; Ef 2, 19-22; Heb 10, 21-25). En virtud de la llamada de Dios y del bautismo todos quedan consagrados para formar un reino sacerdotal, un sacerdocio santo, un templo espiritual (1 Pe 2, 9-10; 1 Cor 3, 16-17) para rendir a Dios un culto espiritual, esto es, animado por el Espíritu, y “anunciar las grandezas” de Dios (1 Pe 2, 9). Hay una distinción entre todos y alguno, entre el rebaño y los pastores, entre el campo y quienes lo cultivan, entre el edificio y sus constructores; pero sobre todo, en el interior del pueblo único, cada uno de los miembros se diferencia de los demás según los carismas, los ministerios, las diversas funciones en el servicio de la edificación de la comunidad (1 Cor 12; Rom 12).

En este sentido existe en el ámbito de la Iglesia una distinción entre laicos y clero, pero que no tiene por qué oscurecer la unidad de la comunidad cristiana, elegida por Dios y consagrada por entero a él. El Nuevo Testamento “no insiste en la distinción entre laicos y sacerdotes dentro de la Iglesia, sino en la distinción u oposición o tensión entre una Iglesia consagrada toda ella y el mundo, entre el pueblo y el no-pueblo (1 Pe 1, 10), los hermanos y los otros (1 Cor 6, 1)”.

La investigación bíblica se ha interesado por un aspecto fundamental de la identidad de los laicos, a saber, su participación en el poder sacerdotal, profético y real de Cristo’, y por lo que supone esta configuración para su misión ante el mundo.

Referencias en la Historia de la Iglesia:

EN LA IGLESIA PRIMITIVA: La experiencia de la Iglesia primitiva como ‘pequeña grey’ e igualmente de las persecuciones cristianas y del martirio de algunos miembros, intensifica en la conciencia cristiana los factores de separación y de solidaridad mutua”. En el plano de la vida, la Iglesia de los tres primeros siglos atestigua la vivacidad y el dinamismo del compromiso cristiano de los laicos, desde el primer grupo de discípulos de Cristo hasta la obra de los apologistas, el testimonio de los ascetas y de las vírgenes y el ejemplo de los mártires.

En el período apostólico fue notable la actividad de los laicos en obras de asistencia y de hospitalidad. En los ss. I y II con la constitución de las iglesias domésticas” y con el fervor apologético, constituían un vínculo indispensable entre la Iglesia y la sociedad civil’. En este período se estructura dentro de la comunidad única la diferenciación jerárquica. Clemente Romano habla de la triada sacerdotes-levitas-laicos, y Clemente de Alejandría de sacerdotes-diáconos-laicos. En la carta de Clemente —hacia el año 95— aparece por primera vez el término laikós.

¿De donde viene la palabra laico?

El término laico se indicaba al simple creyente en contraposición a aquel que era depositario de un cargo. El término laicos designa a un cristiano que no es ni obispo ni sacerdote ni diácono, en una palabra, que no pertenece al clero.

¿Qué dice el Código de Derecho Canónico del papel y la misión del laico en la Iglesia de Dios?.

Un laico (alguien del pueblo –de la raíz λαόςlaós, ‘pueblo’–) o seglar es aquel fiel que no es miembro del clero (Código de Derecho Canónico, 207, 1: Por institución divina, entre los fieles hay en la Iglesia ministros sagrados, que en el derecho se denominan también clérigos; los demás se denominan laicos)

Los cánones 224 y siguientes establecen el estatuto de los fieles laicos al dar una lista de derechos y deberes de los fieles laicos.

(*) Canon 225: los laicos son aquellos que tienen la obligación general de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres en todo el mundo. Esta obligación les apremia todavía más en aquellas circunstancias en las que sólo a través de ellos pueden los hombres oír el Evangelio y conocer a Jesucristo.

(*) 225 § 1. Puesto que, en virtud del bautismo y de la confirmación, los laicos, como todos los demás fieles, están destinados por Dios al apostolado, tienen la obligación general, y gozan del derecho tanto personal como asociadamente, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres en todo el mundo; obligación que les apremia todavía más en aquellas circunstancias en las que sólo a través de ellos pueden los hombres oír el Evangelio y conocer a Jesucristo.

Concilio Ecuménico Vaticano II y definición del Laico.

Todo lo que el Vat. II dijo sobre la fisonomía de la Iglesia, y en ella de los laicos, en la LG y en la GS, tiene que ser profundizado todavía en la doctrina y en la práctica para que el creyente laico pueda asumir su responsabilidad de ser Iglesia en el mundo, en el respeto a la mutua autonomía de la Iglesia y del mundo.

Los laicos, sienten que no están al margen de la Iglesia,

sino que son parte activa y determinante de ella para ser mediación de lo absoluto de Dios y del evangelio en un mundo que se construye de formas siempre nuevas, y en el que es preciso desenmascarar ciertas ambigüedades para poner de manifiesto las expresiones humanas más genuinas, que abren al hombre a lo absoluto.

La Iglesia no es estática, sino dinámica; la Iglesia va en camino con los hombres, viviendo en el mundo y para el mundo, desarrollando una misión que es al mismo tiempo de evangelización y de animación de todas las realidades temporales.

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El Concilio Ecuménico Vaticano II definió a la Iglesia, por encima de todo clericalismo, partiendo de su dimensión más universal, la de ser pueblo de Dios

LG (Documento Lumen Gentium del Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Dogmática de la Iglesia).

GS (Documento Gaudium et Spes del Concilio Ecuménico Vaticano II, -Constitución Pastoral de la Iglesia en el Mundo Contemporáneo).

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Dr. Gelasia Marquez is an immigrant clinical and bilingual school psychologist. Dr. Marquez has studies, researches, articles, and programs aimed to help immigrant Hispanic children, adolescents and families in their processes of transition after migration