Aunque todo el mundo dice saber qué es agresion y que es violencia, no todo el mundo esta de acuerdo al momento de juzgar si un acto, una expresión, o una conducta es agresiva o es violenta o no es ninguna de las dos.

La definición más simple que he podido encontrar de agresividad es la que nos da la presentan los estudiosos de la conducta y que dice que una conducta es agresiva cuando daña o puede dañar a otros. Pero esta definición déjà fuera un elemento de vital importancia en la conducta humana que es la intención con que se ejecuta el acto agresivo. De ahí que otros estudiosos de la conducta humana plantean que un acto es agresivo cuando deliberadamente o intencionalmente se trata de dañar a la otra persona. Legalmente, aceptamos que un intento de herir a otra persona es intrinsecamente digno de ser castigado .

Hasta aqui todo parece claro y aceptable. Solo que cuando estamos estudiando este tema nos encontramos con otra distinción más: agresividad antisocial y agresividad pro-social. La esencia de la distinción está en saber cúando la actividad agresiva viola las normas sociales communmente aceptadas y cuando la actividad agresiva es hecha para servir de soporte y apoyo a la justicia social y a la paz. Como lo define Sears: la agresividad pro-social es usada de forma aprobada y con propósitos aceptados o aceptables por las normas morales del grupo”.

Independientemente de estos planteamientos que nos llevarían a justificar o a entender la guerra entre los partidos politicos, entre los hermanos dentro de una misma nacíon o entre naciones está las preguntas claves: ¿por qué el hombre puede ser agresivo?, ¿qué factores ayudan a que crezca la agresión dentro de un grupo social?, ¿qué podríamos hacer para que la agresividad decrezca?, ¿se podrá llegar a erradicar la agresividad y la violencia en la sociedad?

La palabra agresividad procede del latín, en el cual es sinónimo de acometivididad. Implica provocación y ataque. Como adjetivo, y en sentido vulgar, hace referencia a quien es propenso a faltar al respeto, a ofender o a provocar a los demás. Se presenta como una mezcla secuenciada de movimientos con diferentes patrones, orientados a conseguir distintos propósitos. La forma extrema de la agresividad se llama violencia y se define como el tipo de agresividad que está fuera o más allá de “lo natural” en el sentido adaptativo, carácterizada por su ímpetu e intensidad.

Ahora bien, la conducta agresiva es una manifestación básica en la actividad de los seres vivos. Su presencia en la totalidad del reino animal y los resultados de las investigaciones sobre la misma le dan el carácter de fenómeno “multidimensional” (Huntington y Turner, 1987; Mos y Oliver, 1988). Basados en esta afirmación puede decirse que La agresividad es, como la ansiedad, un comportamiento o conducta que, a cierto nivel, se considera normal, funcional y necesaria para la supervivencia y la vida cotidiana pero que, a ciertos otros niveles, se considera anormal, disfuncional y generadora de muchos otros problemas de salud. La agresividad puede llegar a ser devastadora contra los que nos rodean o contra nosotros mismos.

Veamos por qué puede afirmarse que la agresividad forma parte de nuestra herencia como seres humanos. Al estudiar el temperamento o la base genetica de nuestra personalidad se nos plantea la existencia de cuatro emociones básicas: alegría, tristeza, miedo y rabia, esta última sería la más próxima a la ira. Cuando se manifiestan en sentido pleno, la rabia es una emoción incompatible sincrónicamente con la tristeza, del mismo modo que lo son entre sí el miedo y la alegría. Tanto la rabia como la alegría tienen un carácter expansivo. Por su parte, la tristeza y el miedo se manifiestan corporal y cognitivamente con carácter retractivo. Luego, la raíz de la conducta agresiva está la ira. Se la define como “una sensación de disgusto debida a un agravio, malos tratos u oposición. Y que normalmente se evidencia en un deseo de combatir la posible causa de ese sentimiento”.

La agresividad tiene su origen en multitud de factores, tanto internos como externos, tanto individuales como familiares y sociales (económicos y politicos, por ejemplo). La adicción al alcohol y las drogas asi como los cambios emocionales del individuo, tanto a un nivel considerado no patológico por los especialistas en salud mental como a un nivel considerado patológico (neurosis, depresión, trastorno maníaco-depresivo o trastorno bipolar) pueden generar también comportamientos agresivos. Otro elemento a considerar son las frustraciones generan agresividad porque no es posible conseguir aquello que se desea. La agresividad se puede dirigir hacia lo que genera la frustración, ya sea mediante agresión física o verbal o indirecta, desplazando la agresión hacia una tercera persona o hacia un objeto. La agresividad puede ser autodestructiva, no resuelve problemas, no es realista y es consecuencia de problemas emocionales no resueltos y también de problemas sociales diversos. Cuando no somos capaces de resolver un problema, nos desesperamos y, para salir de la desesperación, generamos una rabia terrible, que, si no es canalizada, puede ser destructiva.

Basados en lo anterior podemos entonces preguntarnos si está el ser humano destinado a vivir siempre en lucha, peleando, agrediendo, violento. Creo que la major forma de contestarlo es analizando lo opuesto a agresividad y violencia, es decir, analizando qué es lo que entendemos por paz.

La palabra paz deriva del latín pax. Es generalmente definida, en sentido positivo, como un estado de tranquilidad o quietud, y en sentido opuesto como ausencia de inquietud, violencia o guerra. Puede hablarse de una paz social como entendimiento y buenas relaciones entre los grupos, clases o estamentos sociales dentro de un país. En el plano individual, la paz designa un estado interior, exento de cólera, odio y más generalmente de sentimientos negativos. Es, por lo tanto, deseada para uno mismo e igualmente para los demás, hasta el punto de convertirse en un saludo (la paz esté contigo) o una meta de la vida.

El Antiguo Testamento cuando usa la expresión “paz” (shalom) especialmente en los saludos se refiere a un bienestar material y de espíritu: “La paz esté contigo” o “con vosotros” (cf. Gn 29, 6) . Tal paz solo puede venir de Dios mismo que quiere darla en compensación por la fidelidad de su pueblo a la Alianza aun cuando la paz en su sentido más pleno se espera para los tiempos del Mesías que es llamado Príncipe de la paz (cf. Is 9, 6) que además viene a pregonarla incluso a quienes no pertenezcan al pueblo escogido (cf. Zc 9, 6, Sal 72, 7).

En el Nuevo Testamento la expresión ειρενη mantiene el sentido dado en el Antiguo Testamento, “… soportándoos unos a otros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu por el vínculo de la paz” Ef 4 2-3
Sin embargo, es por la unión con Cristo y la reconciliación que Él ha obtenido que se puede hablar de verdadera paz entre todos sean estos judíos o gentiles (cf. Rm 5, 1-5, Ef 2, 14-22). Es generalmente definida, en sentido positivo, como un estado de tranquilidad o quietud, y en sentido opuesto como ausencia de inquietud, violencia o guerra.

A lo largo de la historia se ha concluido que la paz puede y debe aprenderse, y para hacer esto posible se ha de supeditar en el proceso educativo la comunicación de conocimientos, con la invención- apoyo- abstención de ciertos hábitos/ rutinas y con una serie de pautas y valores.
La paz es el proceso de búsqueda de justicia en los diferentes niveles de relación humana. Este es un concepto dinámico el cual nos lleva a hacer brotar, arrostrar y solventar los conflictos de manera no-violenta, con el fin de alcanzar una concordia de la persona consigo misma, con la naturaleza y con los demás. Hay un dicho que dice:” no existe un camino hacia la paz, la paz es camino”. Por ello, la reiteración en la educación para la paz radica tanto en su método como en su contenido. La paz no es una meta, sino un proceso, por el que hay que aprender a entrar en los conflictos y resolverlos de forma positiva sin usar la coacción.

La educación para la paz tiene varios enfoques:
• Como mediación y solución de conflictos.
• Como paz personal.
• Como orden mundial.
• Como la abolición de las relaciones de poder.

Llevar a cabo una educación para la paz conlleva mirar a nuestro alrededor y descubrir todo lo que reta el concepto de paz.: vivimos en una sociedad donde predomina la violencia, marcada por las guerras, el hambre y las grandes diferencias que existen entre unas zonas y otro del mundo existiendo así zonas dominadas por el dinero en gran parte derrochado y otras en las que prácticamente no tienen ni para comer y esa es su mayor preocupación al contrario de la mayoría de las sociedades que conocemos simplemente porque las encontramos más cercanas a nosotros mismos y en estas la mayor preocupación es querer tener lo último en nuevas tecnologías o lo último en moda simplemente porque así creemos que vamos a estar adentrados y aceptados por esta sociedad.

La paz nos enseño el Papa Juan Pablo II se origina en el hogar. Nosotros, tu y yo podemos trabajar por una sociedad justa y pacífica. Ante todo, siendo ejemplo para nuestros hijos y depues fomentando un clima en el hogar donde todos y cada uno de nosotros

• Se comuniquen claramente, no de un modo agresivo.
• Seamos capaces de analizar los diferentes conflictos y dar diversas soluciones.
• Nos respetemos mutuamente, aceptandonos tal cual somos somos y trabajando dia a dia por ser mejores.
• Respetemos nuestro entorno natural.
• Estemos dispuestos a trabajar por un mundo más justo y pacífico.

Y que la paz de Dios este con todos nosotros.

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Dr. Gelasia Marquez is an immigrant clinical and bilingual school psychologist. Dr. Marquez has studies, researches, articles, and programs aimed to help immigrant Hispanic children, adolescents and families in their processes of transition after migration