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Esta salvación -que la Iglesia ofrece como signo e instrumento- exige la liberación total del hombre de la servidumbre del pecado y sus consecuencias (ignorancia, opresión, miseria, hambre y muerte) y la incorporación de la vida nueva por la gracia, principio y germen de eternidad.

Medellin, 1968.

La Conferencia Episcopal o Conferencia Nacional de Obispos, dentro de la Iglesia Católica, es una institución de carácter permanente, que consiste en la asamblea de los obispos de una nación o territorio determinado, que ejercen unidos algunas funciones pastorales respecto de los fieles de su territorio, para promover conforme a la norma del derecho el mayor bien que la Iglesia proporciona a los hombres, sobre todo mediante formas y modos de apostolado convenientemente acomodados a las peculiares circunstancias de tiempo y de lugar.

Por el derecho mismo, pertenecen a la Conferencia Episcopal todos los obispos diocesanos del territorio y quienes se les equiparan en el derecho, así como los obispos coadjutores, los obispos auxiliares y los demás obispos titulares que, por encargo de la Santa Sede o de la Conferencia Episcopal, cumplen una función peculiar en el mismo territorio; pueden ser invitados también los ordinarios de otro rito, pero sólo con voto consultivo, a no ser que los estatutos de la Conferencia Episcopal determinen otra cosa.

La conferencias episcopales tienen una larga existencia como entidades informales, pero fueron establecidas como cuerpos formales por el Concilio Vaticano II (Christus Dominus, 38) e implementadas por el papa Pablo VI en 1966 motu proprio Ecclesiae sanctae. La operación, autoridad y responsibilidad de las conferencias episcopales está generalmente gobernada por el Código de Derecho Canónico (véase cánones 447-459).La naturaleza de las conferencias episcopales y su autoridad magisterial fueron clarificadas por el papa Juan Pablo II en 1998 motu proprio Apostolos suos.

En noviembre de 2007 existen 113 Conferencias Episcopales de rito latino.

El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) agrupa a los obispos de la Iglesia Católica de Latinoamérica y el Caribe

Su origen está en la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Río de Janeiro realizada entre el 25 de julio al 4 de agosto de 1955. Tras la cual se hace el pedido al Papa Pío XII en 1955 para la constitución del CELAM, siendo aceptada dicha sugerencia.

Cada 4 años se realiza una asamblea ordinaria a la cual asisten los presidentes de las conferencias episcopales nacionales, la cual define las tareas pastorales y la elección de autoridades.

Asimismo ha realizado las siguientes Conferencias Generales de Obispos

I Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Río de Janeiro en 1955,

II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Medellín, Colombia en 1968

III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Puebla en México, 1979

IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Santo Domingo, República Dominicana en 1992.

V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Aparecida (São Paulo),

El CELAM está organizado así

  • La Secretaría General: organismo ejecutivo inmediato y permanente de la presidencia, responsable de animar y coordinar las actividad des del CELAM
  • Los Departamentos:

1. Comunión eclesial y diálogo

2. Misión y Espiritualidad

3. Vocaciones y Ministerios

4. Familia y vida

5. Cultura y Educación

6. Justicia y Solidaridad

7. Comunicación y Prensa

  • Los Centros:

1. Instituto Teológico pastoral para América Latina –ITEPAL-

2. Centro Bíblico Pastoral para América Latina –CEBIPAL-

3. Observatorio pastoral

4. Publicaciones

Como organismo de servicio, el CELAM ha de ser ante todo, animación y ayuda a la reflexión y a la acción pastoral de la Iglesia en América Latina y el Caribe.

La Sede del CELAM está ubicada en la ciudad de Bogotá D.C – Colombia
Dirección: Carrera 5a No. 118-31 – A.A. 51086
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II CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO: MEDELLÍN, COLOMBIA
(1968)

Con Medellín empieza una nueva época para la Iglesiadel Continente; la época del Concilio Vaticano II que planteó un vital horizonte de renovación, que aún permanece como tal en el caminar del pueblo latinoamericano.

Los antecedentes inmediatos de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano pueden situarse hacia el otoño de 1965 cuando el Concilio Vaticano II estaba a días de clausurarse. En ese momento Pablo VI reunió a los obispos de la directiva y equipos del Celam que participaban en el Concilio, con motivo del décimo aniversario de la creación de dicho organismo episcopal. En esa reunión el Papa exhortó a los ahí presentes a sensibilizarse y asumir una visión crítica frente a los problemas que agitaban a América Latina como un requerimiento indispensable para la acción pastoral de la Iglesia en esas regiones.

Situación social, política y económica de los pueblos de América Latina en ese entonces:

La miseria y la marginación de grandes masas se consideraba fruto de las injusticias y desigualdades, y producía serios interrogantes a la acción pastoral de la Iglesia y demandaba respuestas decisivas.

Muchos de los gobiernos del continente eran dictaduras o sistemas autoritarios, y cundía el militarismo. A la par que varias naciones sufrían el impacto y el desgaste de guerrillas de signo ideológico marxista, alentados por la experiencia de la revolución cubana.

En el seno mismo de la Iglesia, particularmente en América Latina, había sido considerable el impacto de la encíclica del Papa Pablo VI, Populorum progressio, que condenaba severamente tanto al marxismo como al capitalismo y sus concepciones acerca del hombre y del desarrollo, y que propugnaba el concepto de desarrollo integral, fundado en una concepción del hombre basada en una antropología coherente y con mucha solidez teórica y doctrinal.

Medellín llamó la atención sobre la pobreza injusta como uno de los hechos más resaltantes de la realidad latinoamericana: “Muchos tienen poco y pocos tienen mucho” (Papa Pablo VI). Hizo una lectura teológica de esta realidad y afirmó que la miseria es una injusticia que clama al cielo, por lo tanto, es pecado, y la liberación de la pobreza es salvación. La lucha contra la injusticia social por parte de los cristianos pertenece a la esencia de la fe. La indiferencia y la explotación son, por el contrario, incompatibles con la fe en Jesucristo. Medellín puso las bases de la opción preferencial por los pobres.

El tema de la conferencia :fue “La presencia de la iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Vaticano II”, (el tema fue propuesto por Pablo VI en la reunión con los obispos latinoamericanos en noviembre de 1965). La II Conferencia del Celam fue inaugurada por Pablo VI el 24 de agosto de 1968 y se clausuró el 6 de septiembre del mismo año.

Conclusiones del Documento Final:

A diferencia de reuniones posteriores del Celam donde a manera de fruto de las Asambleas saldría un documento más o menos uniforme, Medellín sacaría dieciséis documentos, agrupados a su vez en tres grandes secciones:

Promoción humana 1. Justicia 2. La Paz 3. Familia y demografía 4. Educación 5. Juventud

Evangelización y crecimiento de la fe 6. Pastoral popular 7. Pastoral de élites 8. Catequesis 9. Liturgia

La Iglesia visible y sus estructuras 10. Movimientos de laicos 11. Sacerdotes 12. Religiosos 13. La formación del clero 14. La pobreza de la Iglesia 15. Pastoral de conjunto 16. Medios de comunicación social.

Si en un principio la idea de los promotores de la segunda reunión general del Episcopado Latinoamericano era poner al día a la Iglesia latinoamericana a la luz del concilio Vaticano II, el evento y los textos de Medellín fueron más allá, de tal modo que no solo se pretendió ajustar la vida de las iglesias a los cambios conciliares, sino que dicho evento fue también la oportunidad para esbozar el rostro concreto que debería asumir la Iglesia en América Latina para ser efectivamente “signo e instrumento” de salvación, así como para insertar a la Iglesia como pieza fundamental en los procesos de cambio social que experimentaba en esa época el continente.

Las ideas fundamentales que durante la preparación, discusión y en las conclusiones, aparecen como características de Medellín, son las siguientes:

· -La vocación del hombre a su desarrollo integral: Cada hombre es portador de una “semilla divina” que ha sido plantada en él desde el comienzo. Debe desarrollarla hasta la plenitud final en el encuentro definitivo con el Señor de la gloria. Esto exige del creyente una fidelidad personal a la llamada divina. Pero exige también la creación de ciertas condiciones de vida -sociales, económicas y políticas- que hagan posible al hombre su desarrollo integral, participando activamente en los bienes de la civilización y de la cultura, pasando de condiciones menos humanas a condiciones más humanas. En Medellín la Iglesia latinoamericana centró su atención en el hombre de un continente, que vive un momento decisivo de su proceso histórico, lleno de opresiones, injusticias y marginación. La Iglesia ha buscado comprender este momento histórico a la luz de la palabra, que es Cristo, en quien se manifiesta el misterio del hombre.

· -La idea de una salvación integral que abarca la totalidad del hombre y del mundo: Esta salvación -que la Iglesia ofrece como signo e instrumento- exige la liberación total del hombre de la servidumbre del pecado y sus consecuencias (ignorancia, opresión, miseria, hambre y muerte) y la incorporación de la vida nueva por la gracia, principio y germen de eternidad. La Iglesia en América Latina mira al hombre concreto, pequeño y frágil, pobre y oprimido, pero rico en posibilidades y esperanzas, y le entrega la totalidad vital del mensaje de salvación: le anuncia el evangelio del Reino, lo congrega en la unidad de la Eucaristía, lo hace partícipe de los frutos del Espíritu.

· -La Iglesia se manifiesta como sacramento de unidad y al servicio del pueblo de Dios: Ella expresa y realiza en el tiempo la comunión del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Lleva a los hombres a la unión íntima con Dios por la Palabra y el Sacramento. Asume las aspiraciones de los hombres a la unidad y los congrega en el único Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo. Para hacer esto una realidad más tangible se requiere de una profunda renovación de las estructuras eclesiales. En esta línea, Medellín propone asumir las comunidades cristianas de base como “el primero y fundamental núcleo eclesial”, que permita el trato personalizado y fraterno de sus miembros, y exhorta a una renovación de la pastoral que abarque las estructuras diocesanas, la parroquia y demás instancias eclesiales a partir de una visión de conjunto y de una planificación, que incida en la praxis y eficacia de la acción evangelizadora de la Iglesia.

Pero, también deja fuera temas que no obstante su importancia en el concilio, no parecieron relevantes para América Latina, tal es el caso del ateísmo, la secularización, la revaloración del diaconado y el ecumenismo. La Conferencia no se limitó simplemente a ajustar la iglesia de la región a las directrices emanadas del Concilio, sino que también intentó adecuar y enriquecer la recepción desde su propia historia y contexto; a manera de ejemplo tenemos las Comunidades de Base, el planteamiento de la salvación como liberación en la historia, la sacramentalidad de la iglesia desde la pobreza, y su compromiso total con los pobres y marginados.

De hecho estas opciones y otros temas como el de la dimensión política de la fe y la relación entre desarrollo y salvación serían por los que Medellín llegaría a ser reconocido y recordado en la posteridad y, a partir de las cuales nacería la teología de la liberación.

La Teología de la Liberación

La Teología de la Liberación es una corriente teológica en el seno de la Iglesia católica que nació en Latinoamerica tras el Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín (Colombia, 1968). Sus representantes más destacados son los sacerdotes Gustavo Gutiérrez Merino (peruano), quien en 1973 editaría el primer libro sobre el tema Historia, política y salvación de una teología de liberación, Leonardo Boff (brasileño), Camilo Torres Restrepo (colombiano) y Manuel Pérez Martínez (español).

Los antecedentes más importantes de esta Teología se encuentran en Brasil, donde a partir de 1957 comenzó en la Iglesia Católica un movimiento de Comunidades de Base que para 1964 ya era digno de ser considerado en el “Primer Plan Pastoral Nacional 1965-1970”. También en Brasil Paulo Freire, un maestro del nordeste, desarrolló un nuevo método para alfabetizar mediante un proceso de concienciación. Los movimientos de estudiantes y de trabajadores de Acción Católica se fueron comprometiendo, así como importantes intelectuales católicos. Algunos cristianos empezaron a utilizar conceptos marxistas para analizar la sociedad. Richard Shaull, un misionero presbiteriano, planteó la cuestión de si la revolución tendría un significado teológico. Él y algunos jóvenes protestantes empezaron a discutir esos temas con sacerdotes dominicos e intelectuales católicos.

Una inspiración para este movimiento latinoamericano fueron los sacerdotes obreros europeos. El cardenal Emmanuel Suhard, de París, había fundado la “Misión de Francia” permitiendo a algunos sacerdotes trabajar en las fábricas para acercarse al mundo obrero. Los curas obreros fueron acusados de comunistas y denunciados en Roma por actividades subversivas. En 1954 Pío XII pidió a todos los sacerdotes obreros que regresaran a su trabajo pastoral anterior en las diócesis o se incorporaran a sus comunidades religiosas. Los sacerdotes obreros fueron rehabilitados en 1965 después del Concilio.[

Otras de las ideas bases para el inicio de la Teología de la Liberación surgen a partir de la vida del sacerdote guerrillero colombiano Camilo Torres Restrepo (19291966), quien fue miembro del movimiento guerrillero Ejército de Liberación Nacional de Colombia, muerto como resultado de su primer combate contra el Ejército regular.

La Teología de la Liberación ha nacido en América Latina en un momento histórico determinado. Durante siglos América Latina no tuvo teología propia: importaba la teología que se fabricaba en Europa. Su teología era el reflejo de la europea. La dependencia de América Latina respecto al mundo rico, no sólo era económica y política, sino también eclesial y teológica.

Algunas de las ideas de la Teología de la Liberación son:

1. Opción preferencial por los pobres.

2. La salvación cristiana no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica, como signos visibles de la dignidad del hombre.

3. Eliminar la explotación, la falta de oportunidades e injusticias de este mundo.

4. La liberación como toma de conciencia ante la realidad socioeconómica latinoamericana.

5. La situación actual de la mayoría de los latinoamericanos contradice el designio histórico de Dios y la pobreza es un pecado social.

6. No solamente hay pecadores, hay víctimas del pecado que necesitan justicia, restauración. Todos somos pecadores, pero en concreto hay que distinguir entre víctima y victimario.

Sin embargo, es capital destacar la apreciación que hace Gustavo Gutiérrez: “al contrario que otros postulados teológicos o filosóficos, la Teología de la Liberación es un acto segundo, es decir, emana de una experiencia de compromiso y trabajo con y por los pobres, de horror ante la pobreza y la injusticia, y de apreciación de las posibilidades de las personas oprimidas como creadores de su propia historia y superadores del sufrimiento. No es, por tanto, un desarrollo intelectual que luego se quiera llevar a la realidad.”

La base teológica y conceptual

El quehacer teológico se concibe como “reflexión crítica de la praxis histórica a la luz de la palabra”.

Los derechos del pobre son derechos de Dios (Éxodo 22:21-23, Proverbios 14:31, 17:5) y él ha elegido a los pobres1 (Santiago 2:5) y por tanto es él quien ha hecho la opción preferencial por los pobres para salvar a todos. Jesucristo se identificó con los pobres (Mateo 5:3) y claramente dijo que quien se relaciona con el pobre con él mismo trata y a él mismo acepta o rechaza, a tal punto que ese relacionamiento será el criterio principal del Juicio Final (Mateo 25:31-46).

Los pobres son víctimas del pecado que se convierte en un pecado social como estructura de acciones y omisiones que mantienen la opresión, la injusticia y la explotación. Se trata de un pecado que va más allá de los pecados individuales y se transforma en una situación de pecado, un pecado colectivo que se convierte en pecado structural, de manera que la situación de injusticia y corrupción se mantiene mediante un pecado institucional y una violencia institucionalizada.En tal situación de pecado el Reino de Dios es rechazado y el sistema de pecado lucha contra las comunidades y personas que anuncian la buena noticia de la liberación del pecado, de cómo podemos salvarnos de “de esta generación perversa” (Hechos 2:40), estableciendo unas relaciones sociales nuevas de comunión, de plena solidaridad, de espiritualidad comunitaria que permitan que todos aporten para que cada cual pueda resolver sus necesidades (Hechos 2:42-47); unas relaciones de amor y fe, no solamente de palabra, sino en los hechos(1Juan 3:16-19, Santiago 2:14-17).

La relación del cristianismo y la pobreza, ha sido fundamental para la historia y la difusión de la religión en todos los tiempos. Apoyada a veces, criticada en otras ocasiones, la Teología de la Liberación se ha dedicado a difundir el evangelio cristiano con un peculiar estilo al igual en países en desarrollo que en aquellos menos favorecidos en lo económico, afirmando “la necesidad de conversión de toda la Iglesia para una opción preferencial por los pobres, con miras a su liberación integral. Esta opción, exigida por la realidad escandalosa de los desequilibrios económicos en América Latina, debe llevar a establecer una convivencia humana digna y fraterna y a construir una sociedad justa y libre

Su filosofía es de condena a la situación de empobrecimiento que sostiene la pobreza y de apego al pobre. Surgió al mundo católico con la publicación del libro “Historia, Política y Salvación de Una Teología de la Liberación” del sacerdote diocesano, ahora dominico, peruano Gustavo Gutiérrez Merino, en 1973; esto después de que en 1968 en la Conferencia Episcopal del CELAM se había hecho énfasis en el compromiso de la Iglesia Católica con los pobres, el libro de Gutiérrez se interpretó así como la respuesta y el detonante. Ese mismo año, sacerdotes de villas populares ocuparon la Catedral de Santiago de Chile y extendieron un lienzo en su frontis con la leyenda “Junto con el pueblo y su lucha”, acogiendo los principios de la Teología de la Liberación.

Resulta difícil definir a la Teología de la Liberación pero puede partirse de la base que busca un análisis profundo del significado de la pobreza y de los procesos históricos de empobrecimiento y su relación con las clases sociales. Para llegar a ello, articula la teoría económica y social del marxismo y otras ideologías sociales con la visión espiritual profundamente trascendente del cristianismo.

Cristo, en tanto sitúa la resurrección en la historia, es percibido también como “liberador” de la condición de la pobreza material, de la explotación económica y la opresión política, en cuanto son consecuencias y expresiones sociales del pecado y la Salvación es integral, material y espiritual. El Reino de Dios comienza dentro de las nuevas relaciones humanas que desde ahora expresan la espiritualidad del amor al prójimo (Lucas 17:21) y se proyectan hacia la redención del pobre.

Respuesta del Vaticano a la Teología de la Liberación

El Papa Juan Pablo II solicitó de la Congregación para la Doctrina de la Fe dos estudios sobre la Teología de la Liberación, Libertatis Nuntius de 1984 y Libertatis Conscientia de 1986. En ellos se argumentaba básicamente que, a pesar del compromiso radical de la Iglesia con los pobres, la disposición de la Teología de la Liberación a aceptar postulados de origen marxista o de otras ideologías políticas no era compatible con la doctrina, especialmente en lo referente a que la redención sólo era posible alcanzarse con un compromiso político.

En ese momento el Prefecto de la Congregación era el entonces Cardenal Ratzinger (hoy Papa Benedicto XVI), crítico de la Teología de la Liberación. Señaló en dichos documentos lo que consideraba “errores de algunas formas de la Teología de la Liberación”, que según conclusiones de la Congregación bajo su dirección son:

1. Desde un punto de vista teológico, el análisis marxista no es una herramienta científica para el teólogo que debe, previo a la utilización de cualquier método de investigación de la realidad, llevar a cabo un examen crítico de naturaleza epistemológica más que social o económico.

2. El marxismo es, además, una concepción totalitaria del mundo, irreconciliable con la revelación cristiana, en el todo como en sus partes.

3. Esta concepción totalitaria impone su lógica y arrastra las “teologías de la liberación” a un concepto de la praxis que hace de toda verdad una verdad partidaria, es decir, relativa a un determinado momento dialéctico.

4. La violencia de la lucha de clases es también violencia al amor de los unos con los otros y a la unidad de todos en Cristo; es una concepción puramente estructuralista, para legitimar esa violencia.

5. Decir que Dios se hace historia, e historia profana, es caer en un inmanentismo historicista, que tiende injustificadamente a identificar el Reino de Dios y su devenir con el movimiento de la liberación meramente humana, lo que está en oposición con la fe de la Iglesia.

6. Esto entraña, además, que las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad reciban un nuevo contenido como “fidelidad a la historia”, “confianza en el futuro”, y “opción por los pobres” que en realidad les niega su sustancia teológica.

7. La politización de las afirmaciones de la fe y de los juicios teológicos lleva a la aceptación de que un hombre, en virtud de su pertenencia objetiva al mundo de los ricos, es, ante todo un enemigo de clase que hay que combatir.

8. Todo eso lleva a un clasismo intolerable dentro de la Iglesia y a una negación de su estructura sacramental y jerárquica, ‘hendiendo al Cuerpo Místico de Cristo en una vertiente “oficial” y otra “popular”, ambas contrapuestas.

9. La nueva hermenéutica de los teólogos de la liberación conduce a una relectura esencialmente política de las Escrituras y a una selectividad parcial y mendaz (mentirosa) en la selección de los textos sacros, desconociendo la radical novedad del Nuevo Testamento, que es liberación del pecado, la fuente de todos los males.

10. También entraña el rechazo de la Tradición como fuente de la fe y una distinción inadmisible entre el “Jesús de la Historia” y el “Jesús de la Fe”, a espaldas del magisterio eclesiástico».


El 28 de enero de 1979, Puebla de los Ángeles

III Conferencia Episcopado latinoamericano,

presidida por el Santo Padre Juan Pablo II.

Este gran hecho de Iglesia representó “un gran paso adelante” de la Iglesia que peregrina en América Latina.
En el Mensaje a América Latina, aprobado, como el Documento, de forma unánime, por los participantes, se lee:  “Sus palabras luminosas trazaron líneas limpias y profundas para nuestras reflexiones y deliberaciones, en espíriu de comunión ecclesial”.

“Este documento, fruto de asidua oración, de reflexión profunda y de intenso celo apostólico, ofrece un denso conjunto de orientaciones pastorales y doctrinales sobre cuestiones de suma importancia. Ha de servir, con sus válidos criterios, de luz y estímulo permanente para la evangelización en el presente y en el futuro de América Latina “


Preparación

Convocación de una Conferencia general del Episcopado latinoamericano, a los 10 años de la II Conferencia general de Medellín. El Sínodo sobre la evangelización del año 1974, con su correspondiente exhortación apostólica de Pablo VI, Evangelii nuntiandi, orientó que fuera la evangelización el tema central:
“La evangelización en el presente y en el futuro de América Latina”. El Santo Padre Juan Pablo II se refirió expresamente a esto en el discurso inaugural de Puebla:  ” Esta III Conferencia deberá, tomar como punto de partida las conclusiones de Medellín, con todo lo que tienen de positivo, pero sin ignorar las incorrectas interpretaciones a veces hechas y que exigen sereno discernimiento, oportuna crítica y claras tomas de posición”

Puntos centrales:

1.- la verdad sobre Cristo, sobre la Iglesia y sobre el hombre. Esto ponía de relieve lo central de una opción de fe radical y comprometida, en proyección evangelizadora, que debía ser fundamental. # 78 de la Evangelii nuntiandi: ” La verdad acerca de Dios, la verdad acerca del hombre  y de su misterioso destino”, completado con la verdad sobre la Iglesia.

2.- la orientación: Conferencia de pastores, no de políticos, de personas entregadas al cuidado pastoral de la comunidad. Esto permitió que el estudio de la realidad, con fenómenos preocupantes, se hiciera a la luz de la fe, con la explícita e inequívoca entrega al Señor y a su Iglesia, la Iglesia de Cristo. De esta manera se recordaba la más estrecha unidad entre un enfoque cristológico y eclesiológico, en la base de la concepción del hombre, con una genuina antropología cristiana, lo que arrojaba luz sobre graves ambigüedades y errores presentes.

3.- Conferencia cuya responsabilidad competía a los obispos, convenientemente asesorados, pero no suplantados. Su misión y acción debía ser regida por el Evangelio y no sustituida por una “praxis” ideológica y política. Debía estar bien presente el criterio de no distorsionar la verdad de Cristo, para entender la Iglesia como pueblo de Dios, en relación con el reino de Dios.

4.- Denuncia sin rodeos las “relecturas del Evangelio (…). Ellas causan confusión al apartarse de los criterios centrales de la fe de la Iglesia”. “En algunos casos se silencia la divinidad de Cristo o se incurre en formas de interpretación reñidas con la fe de la Iglesia. Cristo se presenta solamente como un profeta“. “En otros casos se pretende presentar a Jesús como comprometido políticamente, como un luchador contra la dominación romana o contra los poderes, e incluso implicado en la lucha de clases. Esta concepción de Cristo como político, revolucionario, como el subversivo de Nazaret, no se compadece con la catequesis de la Iglesia” (cf. I, 4).

5.- En cuanto a la verdad sobre la misión de la Iglesia, denuncia la interpretación secularista sobre el Reino, que llegaría por el cambio estructural socio-político y la suplantación de la Iglesia “institucional” u “oficial” por la “Iglesia popular que nace del pueblo y se concreta en los pobres”. “Ella (la Iglesia) no necesita, pues, recurrir a sistemas e ideologías para amar, defender y colaborar en la liberación del hombre” (III, 2). “No a través de la violencia, de los juegos de poder, de los sistemas políticos, sino por medio de la verdad sobre el hombre” (III, 3) se debe buscar el remedio a los sufrimientos.
Se refiere a las múltiples y variadas formas de violaciones humanas:  “El derecho a nacer, el derecho a la vida, a la procreación responsable, al trabajo, a la paz, a la libertad y a la justicia social” (III, 5). Ofrece un amplio y preocupante panorama, que lo lleva a clamar por el respeto del hombre, por el camino del Evangelio, es una liberación auténtica.

6.- La renovada confianza en la doctrina social de la Iglesia: “Confiar -expresó el Papa- responsablemente en esta doctrina social, aunque algunos traten de sembrar dudas y desconfianzas sobre ella, estudiarla con seriedad, procurar aplicarla, enseñarla, ser fiel a ella, es, en un hijo de la Iglesia, garantía de la autenticidad de su compromiso en las delicadas y exigentes tareas sociales y de sus esfuerzos en favor de la liberación o de la promoción de sus hermanos” (III, 7).

7.- Algunas tareas prioritarias, y concretamente:  la familia y la juventud: “el futuro depende en gran parte de la iglesia doméstica”. Puso de relieve la urgencia de la pastoral familiar, para robustecer el sentido de la familia, y los serios retos que se afrontan contra la integridad familiar:  el divorcio, el aborto, el “número alarmante de niños (…) que nacen en hogares sin ninguna estabilidad”, y el flagelo de la pobreza, e incluso de la miseria, que constituyen condiciones inhumanas.

MENSAJE A LOS PUEBLOS DE AMÉRICA LATINA

  • LA VISIÓN PASTORAL DE LA REALIDAD LATINOAMERICANA. ALLÍ SE INCLUYE LA REALIDAD SOCIO-CULTURAL, VISIÓN DE LA HISTORIA, DE LA REALIDAD ECLESIAL Y DE LAS TENDENCIAS ACTUALES DE LA EVANGELIZACIÓN DE CARA AL FUTURO.
  • SE CENTRA EN LO QUE SE HA LLAMADO LOS DESIGNIOS DE DIOS SOBRE LA REALIDAD DE AMÉRICA LATINA: EN QUÉ CONSISTE LA EVANGELIZACIÓN Y CUÁLES SON SUS ASPECTOS PRINCIPALES. ESTE CONTIENE EL CONTENIDO DE LA EVANGELIZACIÓN Y QUÉ ES EVANGELIZAR.
  • SITÚA LA EVANGELIZACIÓN EN LA IGLESIA DE AMÉRICA LATINA, DESTACANDO DE MANERA ESPECIAL LA COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN. AQUÍ SE PROFUNDIZA ACERCA DE LOS AGENTES, LOS MEDIOS Y EL DIÁLOGO PARA UNA COMUNICACIÓN Y PARTICIPACIÓN.
  • PROPONE LAS OPCIONES Y ACCIONES PASTORALES PRIORITARIOS DE LA IGLESIA EN LA EVANGELIZACIÓN EN AMÉRICA LATINA: LA OPCIÓN POR LOS POBRES Y LOS JÓVENES.

Puebla es una valiosa síntesis de la enseñanza de la Iglesia desde nuestra realidad latinoamericana.

1.- Puebla profundiza de manera amplia y dinámica aspecto fundamentales para la marcha de de la Iglesia en América Latina a finales del siglo XX.

2.- Puebla no pierde el carácter profético de Medellín o cual está claramente inserto dentro del horizonte de la evangelización liberando un estéril “denuncismo”., en el que cayeron algunas aplicaciones erróneas de Medellín.

3.- Tiene además un anclaje histórico fundamental y una proyección hacia la evangelización de la cultura de los que carecía Medellín. Esto lleva a plantear la identidad latinoamericana y el sustrato católico de su cultura.

4.- El acento principal del documento de Puebla se descubre sintéticamente en el binomio comunicación y participación. Este el es tema conductor de todo el documento. Los obispos sitúan su aproximación al compromiso evangelizador en clave de comunión y participación: en la relación del hombre con el mundo con Dios y con Su Iglesia.

5.- Una renovada Evangelización de América Latina Puebla llama a todos los hijos de la iglesia a ser evangelizados permanentemente haciendo hincapié en el particular momento que vive el pueblo de Dios en América Latina

Puebla ofrece una liberación

hecha de Reconciliación

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Dr. Gelasia Marquez is an immigrant clinical and bilingual school psychologist. Dr. Marquez has studies, researches, articles, and programs aimed to help immigrant Hispanic children, adolescents and families in their processes of transition after migration