Diciembre 28, 2011.

Urgando entre papeles viejos encontré la presentación hecha por un joven cubano-americano hace 20 años. El joven tenía entonces 17 años y fue invitado a un panel sobre “La Familia Cubana en el Exilio”, organizado por la Unión de Ex-Presos Politicos de la Zona Norte de los Estadis Unidos..

Esta fue su presentación:

“Yo no voy a poder hablar con la seguridad de mi language público –el Inglés. Tampoco voy a poder hablar de experiencia, o con emoción. Lo que yo siento hoy por el país donde yo nací es confuso. Hace ya 10 años que mis padres decidieron que lo mejor para mi era sacarme de Cuba. Para mis padres, y para los adultos presentes aqui, 10 años tiene mucho significado. Para muchos de ustedes han pasado cerca de 30 años, pero ustedes todavia sienten el amargo resentimiento de haber perdido su tradicional costumbre de vivir, de haberse separado de parte de su familia, de haber sido despojados de sus derechos como seres humanos y como ciudadanos de Cuba.

El caso del prisionero político es aun más cruel porque es el caso del ciudadano cubano que ha sentido los síntomas físicos de la opresión y la coerción: las paredes que le separan si son de verdad, la separación de familias y de amigos es palpable, la desesperación tiene vigencia en la realidad. Adentro de la prisión: encarcelación, esclavitud. Fuera de la prisión: a pesar de que tiene límites…, existe algo de libertad, de dignidad, y se siente que se tiene derecho a la felicidad.

Cuando yo oigo hablar de Cuba yo creo que es un estado, un pais como una prisión para sus ciudadanos. La experiencia de Cuba me resulta como ajena. Me parece que no la siento como mía. No la siento mía porque el país donde yo studio y me he criado no es una prisión. Y esta es la paradoja del joven Cubano-Americano, saber que el pais de mis padres, el pais de mi familia, el pais de mis raices es una prisión y entender que mi pais no lo es. Sentirse en el medio. De un lado las tradiciones que yo asocio con mi familia son las tradiciones de Cuba. Las comidas, las frases, los valores -que yo extraño tanto cuando paso unos dias en la casa de mis amigos Americanos- son cubanas. Yo he tenido que aprender que mi familia es Cubana de verdad y no solamente de nombre. Yo siento a mi familia como una isla en un mar Americano no solamente porque es mi familia sino porque es mi familia cubana marcada para siempre con las huellass del dolor del presidio. Lo que yo siento por ese país tan lejos, tan extranjero, tan diferente, lo siento porque lo asocio con lo que es más cerca, más íntimo en mi corazón: mi familia.

Los jovenes que han nacido en los Estados Unidos, los que han estudiando en Ingles, aprendiendo sobre su mundo y sí mismos en Inglés, los que se han hecho adultos, ciudadanos, esposos, amigos, maestros “en Inglés” son necesariamente un poco ajenos al país por el que ustedes han sufrido, se han sacrificado, y se preparan ahora para sacrificarse una vez más.

Irónicamente, el apellido cubano del joven Cubano-Americano esta ahi. Y aunque no se lo planteen conscientemente Cuba es algo importante en las vidas de los muchachos que se concentran ahora en Math, Earth Science, Pre-Med Programs, College y University. Aunque tenemos que reconocer que la educación ha definido a los jovenes de origen cubano educados en los Estados Unidos, como Cubanos –públicamente-, aunque se sientan Americanos en la privacidad de sus mentes. Por tanto, la conexión existe públicamente. Aunque hemos sido educados, y hablamos sobre dos generaciones muy diferentes en historia, el ser muchos ciudadanos Cubano-Americanos en los Estados Unidos y extranjeros para las leyes actuales de Cuba, sentimos nuestras raices más ligadas a Miami y a Union City que a Washington DC o Philadelphia.

Si la familia es la fundacíón de cada estado, tiene que ser la fundación de un estado en exilio. Si reconocemos que existe un estado en exilio, tenemos que reconocer que existe una familia tambien en exilio. Si en un estado tradicional la familia enseña la responsabilidad cívica, en un estado de exilio la familia tiene que corregir lo que enseñan los colegios, la television, los amigos Americanos. Debe enseñar un sentido de la responsabilidad cívica en el país donde vive y que los ha acogido –los Estados Unidos- pero una responsabilidad cívica que se extiende para incluir a Cuba y la Cuba del exilio. Una Cuba que es como un estado sin presidente, o ejercito, pero con una identidad definida por ser una comunidad unida por tradición, por historia, por sufrimiento, language, aspiraciones y esperanzas. Y, sorprendentemente, una comunidad con economía propia.

Yo creo que las familias del exilio tienen que preparar a los jovenes Cubano-Americanos para ser ciudadanos de este estado en exilio. Es lo único que se puede justamente esperar de jovenes que son tan ciudadanos de hecho de los Estados Unidos como ciudadanos de derecho de Cuba. Ellos posiblemente no van a repoblar a Cuba. Ellos no van a ser lideres de sus hermanos cubanos. Eso no sería justo para ninguno de los dos grupos. Ahora bien, ellos si pueden y deben utilizer su posición privilegiada como Cubano-Americanos para ayudar sus padres, para cumplir con sus responsabilidades cívicas hacia el estado cubano en exilio. Actuar de forma contraria significaría negar ese elemento distintivamno enseña que hay responsabilidades específicas hacia Cuba por el solo hecho de ser Cubanos, los jovenes Cubano-Americanos tendrian que negar sus propias familias porque es ahi donde reside la fuente de sus identidades cubanas.

Si esto hacemos, si las familias cubanas asumen sus responsabilidades con la libertad y con la causa de democratizar a Cuba el futuro de la Isla cautiva sera muy distinto que el que ustedes han tenido que presenciar durante más de 30 años. Claro eso significa que los adultos tienen que concientizar primero cuales son sus responsabilidades. Y para eso mismo estamos reunidos aqui esta tarde. ¿No?

Muchas Gracias.

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Dr. Gelasia Marquez is an immigrant clinical and bilingual school psychologist. Dr. Marquez has studies, researches, articles, and programs aimed to help immigrant Hispanic children, adolescents and families in their processes of transition after migration