Continuamos tratando de responder a la posible necesidad que tienen los padres hispanos de recibir orientaciones relacionadas con la educación de sus hijos. Otro elemento que no podemos dejar de incluir en esta explicación es el alto indice de separación -geográfica y legal- y de divorcio que existe en nuestra comunidad.

A pesar de las llamadas “ideas liberales” que muchos de nosotros asumidos hoy en dia, todos estamos de acuerdo en que el divorcio y la separación de los padres es un evento traumatico para los hijos, no importa la edad que tengan ni las circunstancias en que se producen. Ambos son procesos de perdida, que conllevan períodos de duelo antes de que todos los miembros y allegados de la familia herida vuelvan a sanar la huella que la separación deja y aprendan a vivir de nuevo en diferentes circunstancias.

Desgraciadamente esto no se hace. Existen muy pocos programas para ayudar a las familias en crisis o a las familias con severos conflictos internos. Existen pocos programas destinados a acompañar a las familias en los procesos de toma de decisiones y que provean apoyo durante los períodos de restablecimiento del equilibrio emocional despues de momentos traumáticos. Tampoco existen muchs programas que acompañen a las familias que se rompen y que necesitan restablecerse -reorganizarse- de nuevo en respuesta a las nuevas circunstancias, diferentes a las que tenían antes de que ocurriesen las separaciones. En resumen no estamos preparados para ayudar a estas familias en crisis: no hay espacio ni tiempo para llorar lo que se pierde. No hay espacio ni tiempo para reflexionar en el qué, el cómo y el por qué se pierden laa relaciones.

Estudios recientes llevados a cabo por diferentes organizaciones dedicadas a investigar el bienestar de la familia concluyen que casi la mitad de los hijos de padres divorciados entran en su edad madura y productiva con sentimientos agresivos y con inseguridades –acerca de su propia persona, de sus relacione sociales y de sus posibilidades y expectativas en la vida. Por ejemplo, en uno de esos estudios conducido durante 15 años con 60 familias (131 niños) que en el momento del divorcio de sus padres tenian entre 2 y 18 años de edad, ellos encontraron que:

  • 3 de cada 5 de estos niños se sentian rechazados por a lo menos uno de sus padres,
  • la mitad de ellos crecieron en un medio ambiente en el cual los padres continuaban discutiendo el uno con el otro aun despues del divorcio y por diferentes causas,
  • esta mitad de la muestra dijo que se sentian profundamente ansiosos, incapaces de establecer compromisos y con un fuerte temor a ser traicionados en sus relaciones intimas.
  • Muchos de los niños varones se manifestaron abiertamente problematicos en los años que siguieron al divorcio y no fueron capaces de desarrollar sus sentidos de independencia, confianza en si mismos y en sus circunstancias, asi como el poder crear sus propias metas y ambiciones en la vida.
  • Generalmente estos jovenes estaban cambiando de carreras o de profesiones, de escuelas y de trabajos.

Muchas de nuestras familias immigrantes hispanas son familias donde uno solo de los padres esta presente, generalmente la madre. Como resulta imposible tener un equilibrio en las relaciones o entre las llamadas cualiciones que el niño establece con cada uno de sus padres, los límities interpersonales entre los diferentes papeles –el papel de madre y el papel del hijo o de la hija- se hacen muy pobres y poco definidas creándose relaciones de co-dependencia entre las dos generaciones en lugar de una sana y recíproca dependencia del uno en el otro.

Otra area que se queda afectada es el area del desarrollo de la identidad propia. Cada ser humano tiene una propia definición de si mismo con la que se siente cómodo y con la que se identifica cuando se describe a si mismo. La identidad de todos y de cada uno de los miembros de la familia queda afectada cuando ocurre una separación.

Los especialistas en vida familiar necesitamos continuamente hacer énfasis en estos aspectos:
1.- los esposos dejan de ser esposos pero jamas dejaran de ser padres.
2.- aunque la ley marque uno de los padres como primer responsible de la custodia de los hijos, los dos padres siguien siendo responsables de esos hijos ante Dios, ante la sociedad, ante sus hijos y ante ellos mismos.
3.- la responsabilidad del padre o de la madre despues del divorcio no se limita, bajo ningun concepto, a la mensualidad que se entrega para ayudar a los gastos de los hijos. Ser padre o/y ser madre es algo más que ser proveedor económico. El padre y la madre continuan siendo responsables del crecimiento armónico emocional de sus hijos.
4.- los abuelos y el resto de la familia del padre que no tiene la custodia siguien siendo la familia extendida de ese hijo o de esa hija y bajo ningún concepto debe prohibirse a los hijos que los visiten o que pasen tiempo con ellos.
5.- el nuevo esposo o la nueva esposa de la pareja que se separa no viene a asumir el papel del padre o de la madre . El padre y la madre empiezan a ser padres en el momento de la concepcion de lan ueva vida y continuan siendo padre y madre hasta que el momento de la muerte de estos.

Finalmente, la adaptación y el equilibrio emocional de los hijos despues del divorcio de sus padres depende esencialmente de la actitud que cada uno de ellos tenga hacia el otro. Lo ideal seria que si se llega al divorcio es para que cesen las hostilidades entre los dos padres, no para que escalen a un nuevo nivel de conflicto y/o de guerra. Y, por favor, bajo ningun concepto los padres ni pueden ni deben usar a los hijos como armas de combate para herirse mutuamente, para llevar o traer mensajes, o para espiar al otro o a la otra. Unas reglas claras de comunicación con el padre o con la madre ausente del hogar crea lineas abiertas de comunicación entre padres e hijos para toda la vida.

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Dr. Gelasia Marquez is an immigrant clinical and bilingual school psychologist. Dr. Marquez has studies, researches, articles, and programs aimed to help immigrant Hispanic children, adolescents and families in their processes of transition after migration