Generalmente se utiliza el término educación sexual queriendo expresar dos objetivos distintos aunque paralelos. La educación sexual conlleva pues dos aspectos: 1.- el aspecto puramente informativo -proveer al individuo un conocimiento relativo a la sexualidad humana, y 2.- el aspecto formativo -preparar al individuo para desempeñar un rol sexual, dentro de un sociedad determinada. Ambos aspectos estan íntimamente vinculados y, por regla general, en todas las sociedades se expresan ambos indistintamente cuando se identifican y se establecen las normas que deben regir la coexistencia moral de sus miembros.

Por tanto, cuando los niños y niñas desarrollan y aprenden su rol sexual éste estará en dependencia de las normas y de las valoraciones éticas de la cultura social en que nació y está creciendo. Este aprendizaje y desarrollo del niño y de la niña como un ente sexuado es fundamentalmente aprendido en el hogar, en la escuela, y en las relaciones que el niño y la niña establece con los diferentes grupos sociales en que se desenvuelve. Si el hogar es la influencia más notable y decisiva en el desarrollo de la personalidad de los niños y la vida sexual es un aspecto esencial del ser humano integral, el hogar es sin lugar a dudas el sitio idoneo donde el niño y la niña aprende a ser hombre y mujer. Y este aprendizaje es a partir del equipo biológico con el que nacemos: se nace varón o se nace hembra.

Hemos escrito y recalcado en las diferentes presentaciones que hemos hecho sobre la importancia de los primeros años en el desarrollo de la personalidad y el papel inalienable que tienen los padres al ser los artífices fundamentales de este período. A través del ejemplo, de la información y de la formación especifica que cada papel sexual tiene en la vida. Ejemplo, información y formación que llega no solo de los padres sino de los hermanos, de los parientes, de los allegados al hogar. De todos ellos depende y son ellos los que facilitan el desarrollo armónico de los elementos fisio-psicológicos con que se nace y de la conformación socio-cultural que éstos adquieren a lo largo de la vida. Son estas primeras y decisivas relaciones afectivas padres-hijos, hermano-hermano, hermano-hermana, pariente-niño o niña que se conformará la compleja vida emocional y se estructurará la personalidad definida y adecuadamente identificada con el potencial biológico.

Sin duda alguna, la conducta de los padres entre si, las características socio-culturales del role sexual asumido por cada uno de ellos, sus intereses, sus actitudes influyen considerablemente al ser imitadas o rechazadas por el niño o por la niña y traen como consecuencia la identificación con ellos. Pero, no podemos olvidar que el hogar no es la única vía a través de la cual el niño y la niña es informado y formado sexualmente. Existen los amigos, los medios masivos de comunicación -shows hablados en la television, letra de las música que bailan o que cantan, revistas, películas-, los hogares vecinos, otros familiares, la observación de la conducta de los animales, etc. Y todos ellos influyen de forma considerable en cómo los niños aprenden a percibirse y a percibir su propio componente sexual y el de otros.

Mucho se ha discutido acerca de si debe ser la escuela la que ofrezca al niño y a la niña la información sexual o si deben de ser los padres quienes lo hagan. De la misma forma que el niño aprende en la escuela cómo su cuerpo funciona al estudiar la anatomía y la fisiólogia de los diferentes organos que hacen posible que seamos y actuemos, de esa misma forma, los maestros de Ciencias Naturales no pueden obviar la explicación del sistema reproductor humano.

Por eso, antes de continuar debatiendo dónde y cómo debe llevarse a cabo la educación sexual debemos hacernos estas posibles preguntas:

¿Tienen los padres y los maestros actitudes anticientíficas tales como “la cigueña”, o “tal y cómo le lo dijeron a í”, o “eso no hay que explicarlo, viene solo”?

¿Estan los padres y maestros seguros de que conocen la trascendencia y la importancia de la sexualidad humana en el desarrollo integral de la persona humana?

¿Estan los padres y maestros libres de prejuicios culturales en lo que se refiere a la igualdad en deberes y en derechos que ambos sexos tienen en la sociedad?

Las respuestas a estas preguntas son muy importantes porque más que libros y láminas… quienes tienen la responsabilidad de la educación sexual de los niños necesitan ser ejemplo idóneos de lo que significa ser hombres y mujeres en el pleno sentido de la palabra.

Nuestros padres acostumbraban a ocultar, a evadir o a falsear muchas de las cuestiones relativas a la sexualidad, transmitiendo asi a sus hijos, entre otras situaciones, los errores de su propia educación sexual. Ahora bien, muchos de nuestros padres carecían de conocimientos acerca de su propio desarrollo físico y afectivo lo que les impedía naturalmente darles la información adecuada a la capacidad del niño o de la niña en cada momento. Por otra parte, mucha de la llamada educación -información y formación- sobre sus propios sexos habia sido recibida siguiendo parámetros sociales y culturales que necesariamente no eran los más correctos, positivos, e incluso justo. Quien no recuerda aquello de que los varones tenían que iniciarse en los prostíbulos cuando alcanzaban una determinada edad, o cómo a los varones se les permitía todo tipo de actividad sexual porque si no no demostraban que eran “machos”, o los llamados “piropos” que no eran más que insultos a quien los recibía, etc., etc.

Nada is más obvio que el sexo físico en el cuerpo humano. Por eso, los niños muestran curiosidad cuando se descubren distintos los unos de los otros. Nada es más obvio, repito, que cómo la cultura y la sociedad han tratado el uso de las prendas de vestir, de los oficios, de las tareas domésticas, de los deportes, de las formas de conducirse en grandes y en pequeños grupos. Si bien es cierto que muchas de estos usos, rituales, costumbres han ido cambiando con el tiempo y los distintos acontecimientos que han ido cambiando la historia de las relaciones humanas y el papel que cada ser humano sexuado tiene en las diferentes culturas y grupos sociales aun queda mucho de información y formación relativa al sexo que contribuye a la formación de nuestras actitudes normas de conducta.

Pero no es difícil encontrarnos con padres que cuando sus hijos descubren sus órganos genitales o los de sus hermanos y preguntan cómo se llaman, por qué son diferentes, o para qué existen éstos no encuentran respuestas que darles y caen en el silencio o en la prohibición de hablar de esas cosas o en la fabulación. Similar es la situación cuando la mamá, o la tía, o la vecina, o incluso el animal doméstico esta embarazada y el niño o la niña quiere saber qué sucedió.

Creo que tenemos que aprender, como padres y como educadores, a entender no sólo la riqueza participativa que significa haber nacido sexuales y como por medio de esa sexualidad, participamos del poder creador de Dios, de la humanidad y de la sociedad, sino tambien tenemos que crecer en responsabilidad y respeto hacia nosotros mismos por la immensa dicha de nuestra condición humana -como hmbres y como mujeres-.

Si revisamos la línea de pensamiento que hemos desarrollado en este artículo espero que todos lleguemos al momento de entender que tanto padres como maestros como la sociedad en general somos responsables de la adecuada formación e información sexual de nuestros hijos. Una información y formación que deben estar enmarcadas dentro un absoluto respeto a nuestra condición de hombre o de mujer. Una información y formación que debe ir acorde con la edad y la capacidad de razonamiento y de pensamiento que el niño o que la niña hayan alcanzado. La naturaleza de las preguntas formuladas por los hijos dan a los padres un índice de lo que estos deben saber y en qué momento debe de hacerse. Las respuestas a estas preguntas deben ser dadas de una forma espontánea y natural, sin ir más allá de lo que desea o necesita saber en ese momento.

Más tarde en la escuela la formación y formación tiene que estar basada en la anatomía, fisiología e higiene de su componente físico pero tambien en el desarrollo del componente emocional/afectivo, social y moral que la conducta humana sexuada conlleva.

El proceso del desarrollo de la sexualidad humana es un proceso longitudinal que se inicia antes del nacimiento de los hijos cuando los padres les aceptan incondicionalmente no importa el sexo que sean, que se continua a lo largo de la infancia con el descubrimiento y la curiosidad, y que culmina en la adolescencia y juventud cuando los órganos sexuales maduran y se preparan para la reproducción. Sexualidad humana que alcanza su plenitud en la edad madura para comenzar a declinar con el periódo involutivo que culmina con la muerte de la persona. De esa misma forma los procesos de formación e información sexual van progresivamente en ese continuum acompañando a los hijos.

Tratando de resumir de forma práctica estos artículos podemos agrupar estos tres principios:

1.- No dar respuestas fantasiosas ni engañosas cuando los niños nos pregunten, no postergar las respuestas para cuando sean maayores, no dar la impresión de que es algo misterioso, o sucio, o de lo que no se debe hablar.

2.- Hablar siempre con gran naturalidad y respeto sobre la propia sexualidad, como lo que es un regalo de Dios para darnos la dicha de compartir su poder Creador. No olvidemos que ellos nos preguntan con la pureza y sencillas de quienes estan descubriendose y descubriendo todo lo que esta a su alrededor. Con esa misma sencillez, adaptando nuestro lenguage a sus años, podemos y debemos responder.

3.- Sobre todo, asegurarles que estamos ahi para responder sus preguntas, para aclarar sus dudas, para conversar sobre el tema, para que sepan que es a nosotros a quienes deben y tienen que venir cada vez que nos necesiten.

Serie de cuatro artículos publicados en el periódico El Sol de la Florida, durante el mes de Enero, 1982.

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Dr. Gelasia Marquez is an immigrant clinical and bilingual school psychologist. Dr. Marquez has studies, researches, articles, and programs aimed to help immigrant Hispanic children, adolescents and families in their processes of transition after migration