Independientemente del origen étnico y de la forma en que esten organizadas internamente “todas las familias tienen que lidiar con las mismas situaciones: crear su visión de vida familiar, crecer como sistema, y cumplir con sus propias responsabilidades en interacción con las instituciones sociales”.

(Family Perspective in Church and Society, p. 28).

Hace solo unos años, en preparación para la llegada del siglo XXI, las Naciones Unidas proclamaron el año 1994 como el Año Internacional de la Familia. Según el documento de la proclamación “al proveer la mayor protección y asistencia posible a la unidad básica de la sociedad, las Naciones Unidas estaban promoviendo los derechos humanos básicos y el derecho fundamental a la libertad que todos los humanos tienen”. Siguiendo el mismo espíritu el Papa Juan Pablo II escribió su primer mensaje del año 1994 sobre “La familia como el primer agente de la paz”. El Papa llamó su mensaje “La familia crea la paz de la familia humana”… y añadió “la paz más que enseñada tiene que ser vivida en el seno familiar como resultado del testimonio de entrega mutual y de amor entre sus miembros”.

En programa y escritos anteriores vimos como Dios creó las personas a su divina imagen y les envió a ser, crecer y a multiplicarse para asi llenar la faz de la tierra. También vimos que por designio divino creó a la familia y le dió la misión de ser fuente y agente de vida y de amor, no sólo fecundando y dando vida sino facilitando que cada uno de sus miembros pudiese alcanzar su pleno potencial. Y, al hacer Dios participe a la familia de sus planes para la humanidad elevó su dignidad a un nivel sagrado y hizo que todas y cada una de sus actividades –aún las rutinarias y cotidianas- fueran sagradas.

No solamente la familia está en el mismo comienzo de la existencia humana sino que tambien está al comaienzo de la vida de la Iglesia y de la Sociedad. “La familia hace realidad un conjunto de relaciones interpersonales por medio de las cuales cada persona es introducida en la familia humana y en la familia de Dios” (Familiaris Consortio, 15). Es decir, la familia está en el mismo centro de la construcción del Reino de Dios en la Historia. Pore so tambien, es sagrada. La vida familiar cotidiana es una realidad teológica y religiosa básica en la que la fe, la esperanza y el amor se cultivan con la ayuda de la gracia de Dios. Por esta razón la familia Cristiana es una prioridad central en la Vida de la Iglesia (L.G., 11; G. et S., 48).

Todas las familias están llamadas a cumplir la misión que Dios les ha asignado siendo células transformadoras de la sociedad –todas incluye tambien a las familias inmigrantes Hispanas en transición cultural.

Este libro ha querido demostrar la dimension psico-socio-cultural de la realidad de las familias inmigrantes Hispanas en transición cultural en los Estados Unidos. Los números estadísticos presentados para describir su presencia son impresionantes. La mayor parte de los Hispanos que viven en los Estados Unidos están parcialmente aculturados, marginalmente integrados económicamente, y como consequencia sufren los efectos del ciclo de la pobreza –pobre nivel educacional, pocas habilidades para llevar a cabo trabajos calificados, desempleo, pocos ingresos, dependencia de agencias de servicio público, viviendo en vecindarios deteriorados, con influencia mínima política. En adición, aquellos que no hayan podido completar sus ciclos de adaptación y de ajuste sufren sentimientos de deprivación y poco prestigio, y están sujetos a un alto número de indicadores de tension que atentan contra la integración de su personalidad (Padilla y asociados, 1982).

Ahora bien, quedarnos sólo con los números puede llevarnos a ver a los Hispanos solo como “un” problema pastoral más y pasar por alto que ellos representan una oportunidad “única” pastoral (Carta Pastoral de los Obispos Americanos sobre la Presencia Hispana, 1983).

Los procesos de migración y de aculturación que experimentan los inmigrantes Hispanos y sus familias han sido tópico de interés de un gran número de escritores e investigadores en los últimos años especialmente en los estados de California, Florida, Illinois y Nueva York, puertos de entrada del mayor número de inmigrantes. El análisis de gran parte de esa literatura y de esos estudios ha sido reflejada a lo largo de este libro.

Asi, hemos descrito cómo el contenido de la personalidad humana –su forma de ser y de actuar- es conformado por el contexto cultural, geográfico, económico, político y social donde esa persona nació, creció y se educó –es decir, donde fue socializada y enculturada. Si quisierámos representar gráficamente qué le sucede a la persona cuando emigrá –bien sea su migración voluntaria o involuntaria- pudieramos pensar en que le sucede a una planta cuando sus raices son removidas para ser transplantada. Por mucho cuidado que tengamos para que sus raíces no sufran las estamos exponiendo a una experiencia traumática. De forma similar, la migración es una experiencia traumatica que conlleva interrumpir las historias personales, cortar las relaciones sociales, remover las raíces étnicas y culturales para dejarlas por un tiempo al aire mientras se encuentra una tierra propicia para volver a plantarla de nuevo.

Migrar –emigrar and inmigrar- es como volver a nacer. Migrar conlleva “re-formar”, “remo-modelar” las habilidades internas que nos permiten conocer, relacionarnos efectivamente y tomar decisiones. Migrar conlleva volver a aprender nuevos significados, gestos, palabras para poder funcionar adecuadamente en el nuevo medio ambiente. Migrar conlleva atravesar por períodos de crisis donde aún la propia definición necesita “redefinirse” tomando ahora una nueva identidad.

De igual forma, para la familia Hispana emigrar e inmigrar conlleva “re-estructurar” su vida interna para poder continuar cumpliendo de forma efectiva con sus tareas universales, conlleva “re-establecer” lazos con el nuevo medio ambiente para poder continuar siendo la matriz del crecimiento integral –social, psicológico, espiritual- de cada miembro.

Si el proceso de migración es un proceso de crisis y de trauma, el proceso de transición cultural debiera ser un proceso de sanación interna. El proceso de transición de una cultura a otra no se produce en un día, ni como resultado de varias interacciones ocasionales, sino que es un proceso progresivo y continuo de interacciones satisfactorias entre las personas inmigrantes y las personas pertenecientes a la nueva sociedad. El proceso de transicion es un proceso de aprendizaje para ambos grupos étnicos, es el proceso que va a hacer posible que los unos y los otros dejen de ser “extraños” para convertirse en “diferentes”. El proceso de transición es un proceso continuo y gradual de aproximación y de empatía por parte de los dos grupos étnicos.

El contenido de este libro ha brindado un somero análisis psicológico y social del qué y del por qué de la realidad presente de las familias inmigrantes Hispanas. Es deseo de la autora que que el análisis del contenido de este libro invite a los lectores a fomentar la creación de respuestas pro-activas -y no sólo reactivas- en el proceso de acompañamiento. Deseamos que, finalmente, se mueva la agenda de la familia inmigrante Hispana a un lugar de prioridad social y ministerial, porque “la adaptación de los grupos minoritarios a la sociedad que les acoge está directamente relacionada y depende más de la estabilidad interna de la familia y de la cohesion del grupo minoritario que de otros factores del medio ambiente exterior” (G. de Voss, 1980).

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El Papa Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica sobre la familia “Familiaris Consortio” describe la tarea pastoral familiar como una de “acompañamiento” (No. 65).He escrito muchos artículos eon el propósito de “acompañar”a las familias inmigrantes Hispanas durante los procesos de trasplante de su tierra natal y de ajuste en la nueva comunidad Americana. Tambien he escrito para quienes “acompañan” a estas familias inmigrantes Hispanas –maestros, consejeros, psicólogos, trabajadores sociales, ministros y pastores-.

Ahora deseo definir y clarificar el término con el propósito de qe todo el que lea este artículo dsienta la imperativa necesidad de “acompañar” al menos a una familia inmigrante Hispana en su peregrinar de una cultura a otra. Y que al tratar de hacerlo no se limite a la definición literal del verbo “acompañar” (caminar con) sino que pueda usar lo leído en este arteiculo para darle carne y espíritu a su actividad.

Al hacerlo sabrá que acompañar a las familias inmigrantes conlleva algo más que dar y fomentar la hospitalidad, algo más que garantizar la instrucción religiosa y la vida sacramental de los inmigrantes. Tambien encontrará que acompañar es algo más que abogar porque leyes de migración respeten la integridad y los derechos humanos de la pesona y de la familia migrante Hispana.

Es que acompañar a la familia inmigrante Hispana conlleva asistir a estas familias en el proceso de descubrir sus realidades individuales en el Plan de Dios. Conlleva estar activamente presente cuando ellas atraviesan por el proceso de re-descubrir y sanar sus dignidades humanas maltrechas por la experiencia del cambio, por los abusos, los malos entendidos, la discriminación.Estar activamente presente cuando ellas busquen ayuda para liberarse de las ataduras que no les dejan avanzar como peregrino, cuando busquen el valor necesario para responder a la llamada de crecimiento encerrada en el sentir y llorar “por lo que se déjà atrás” y mientras se responde al llamado de “volver a empezar”. Estar activamente presente cuando las familias inmigrantes Hispanas comiencen a comprender que sólo así podrán completar o rehacer los ciclos de crecimiento individual y familiar que fueron interrumpidos por el proceso de migración.

Acompañar a la familia inmigrante Hispana es algo más que tener el oído atento al quejido de dolor, al lamento de rabia. Es algo más que gritar con ellas contra las injusticias. Porque acompañar es un proceso interactivo y también dinámico que demanda estar presente para ser usado cuando nos necesiten pero tambien exige trabajar activamente para proveer los medios y las oportunidades para que las familias inmigrantes Hispanas participen activa y responsablemente en sus nuevas comunidades sociales y en sus nuevas comunidades de fe –multiétnicas y multiculturales.

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¿Eres muy sensible a la crítica?, ¿Reaccionas pobremente ante la competencia?, ¿Tiendes a menospreciar a los demás?, ¿Reaccionas exageradamente ante los halagos?

Es posible que tengas una mala percepción de tí mismo, es muy posible que no sepas valorar todo lo que sabes o puedes hacer.  La imagen de uno mismo, la idea que tenemos de uno mismo, nuestra auto-percepción y auto-valoración es diferente en cada ser humano y se desarrolla a lo largo de la vida. ¿ Has visto a los infantes ante un espejo? Miran su propia imagen, la tocan, le llaman, le hablan… y despúes de repetir la acción varias veces descubren que el reflejo tiene su misma ropa, sus mismos zapatos… y descubren que la imagen son ellos mismos. “Mira al nené”, “Mira a pepito”, “Mira a la niña” este autoreconocimiento individual será su primer pasaporte social que le va a acompañar toda la vida; así soy yo, así me ven los demás.

Poco después vendrá otra aceptación personal y social. El o ella no es uno más tiene un nombre… y reconocerá que ese nombre le identificara ante los demás  y ante sí mismo desde ese momento, en todas las ocasiones de su vida, hasta su misma muerte. Al responder cuando le llaman o cuando le preguntan su nombre va creando una nueva forma de auto-identidad, de auto-conocimiento.Saber el propio nombre, tener una idea de quien y de cómo se es van a ser los primeros pasos para tener una identidad personal y social.

A partir de este momento inicial, dos fuentes van a contribuir a aumentar su propio concepto y valoración de sí mismo. El o Ella irá añadiendo cualidades positivas y rasgos negativos de acuerdo con lo que le dicen los adultos a su alrededor -sus padres, sus maestros. Estos elogios positivos y estos rasgos negativos los ira incorporando como se incorpora todo lo que sus mayores le dicen Y él o ella validarán esas cualidades positivas y esos rasgos negativos con los frutos de su propia  actividad.   Es decir, a medida  en  que comienza a tener logros o fracasos sociales en su vida de relación estas cualidades positivas y rasgos negativos se irán contrastando y comparando con lo que él ve que puede o no hacer.

Al llegar a la adolescencia el o la adolescente organizará toda la experiencia sobre si que a lo largo de los años ha ido formando, acumulando, verificando, estructurando… mientras ia a formando el yo.

Resumiendo el concepto del Yo se desarrolla gradualmente desde el momento en que el niño descubre su apariencia física y su identidad social. Este concepto del YO se construye mediante pensamientos, sentimientos y acciones.Como dice Combs, “las gentes descubren su conceoto del yo por las clases de experiencias que ha tenido en su vida, no de oídas sino de experiencias”Para lograr un YO positivo, dice Combs es necesario suministrar experiencias que enseñen a los individuos que ellos son importantes, exitosos, capaces de hacer, y de ser.

Publicado en el periódico El Sol de la Florida, Tampa, Octubre 3, 1981.

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Hace algunos años las estadisticas oficiales de los Estados Unidos planteaban que el 50 % de los matrimonios terminan en divorcio. Es decir, que de dos parejas que se casan, una solo se salvará del divorcio y la otra tendrá boda, luna de miel y más tarde o más temprano se terminará la relación. ¿ por qué sucede esto? En años recientes expertos en estadisticas, sociólogos y psicólogos han tatando de dar diferentes explicaciones a esta pregunta. Un dato interesante que se mantiene a través de muchas investigaciones es que la gran mayoría de los divorcios ocurren cuando la pareja es joven -ambos son menores de 30 años y llevan poco tiempo de casados -de 1 a 5 años aproximadamente.

Se suele acusar a los diferentes medios de comunicación masiva de propagar demasiado las ventajas del divorcio. Se dice que “los tiempos han cambiado”  y que si a uno no le va bien, pues se divorcia -“no tiene por qué continuar sufriendo…Se plantea que la juventud “no sabe aguantar”, que no han aprendido a resolver dificultades, que hoy la gente se casa pensando en el divorcio como alternativa y que esta actitud negativa y pesimista la pareja no pone interés en trabajar la relación.Lógicamente, cuando se piensa asi, la pareja ya está vencida de antemano.  Es frequente oir el argumento de que el divorcio es un signo de progreso social, que la sociedad se ha liberado de prejuicios, de convencionalismos, y de ataduras. Y mientras se piensa y se propagan estas ideas se crea una nube ficticia de argumentos que impide ver la realidad de la vida: porque aprender a vivir es aprender a resolver problemas, porque las diferencias individuales son complementarias, porque la persona crece dia a dia en intimidad en la medida en que interactúa en las buenas y en las malas.

El promedio de vida del ser humano oscila alrededor de los 75 años y la edad promedio de contraer matrimonio es entre los 25 y los 35 años de edad. Esto significa que al casarnos tenemos que saber que vamos a compartir las dos terceras partes de nuestra vida en  comun-unidad con el otro o la otra. Y no en soledad, o en el cambio “a ver si ahora me sale mejor”, o acusando al destino de las incompetencias personales.

En este asunto del matrimonio el destino no existe. El destino lo hacemos nosotros, lo elegimos nosotros, lo deseamos nosotros, y resulta completamente imposible negar la responsabilidad que se desprende de cada elección que hacemos, de cada responsabilidad que eludimos, cada situación que creamos. Tampoco es honesto aceptar que el matrimonio es “como una caja de sorpresas”. Pueden darse casos excepcionales en los que la mayoría de los rasgos o detalles del conyuge salgan a la luz despues de casados pero en lineas generales conocemos el qué y el cómo de la forma de ser del otro o de la otra.

Creo que lo esencial del matrimonio está en llegar a ese momento bien claros que casarse es compartirlo todo. No sólo el apellido. la privacidad, las debilidades, las manías… las experiencias más íntimas y tambien las más primitivas, es en la co-existencia diaria  donde se es, por eso es más que  logico que se produzcan desilusiones en el proceso de ajuste del uno al otro, es esperado que al tomar decisiones haya conflictos porque se están tomando decisiones que afectan a dos y que deben de complacer a los dos no a uno solo; es más que esperado que lo que antes era “una bobería” en su forma de ser ahora sea un “inaguantable problema de convivencia. La co-existencia matrimonial solo sera realidad si le ponemos una buena dosis de comunicación y de buenas ganas de hacerlo bien. Una buena dosis de comunicación que debe ir sazonada con entrega y generosidad. Si ambos usan esta receta verán que el fruto final sera cohesion e intimidad.

Publicado en el periódico El Sol de la Florida, Tampa, Septiembre 26, 1981.

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¿ Te ha pasado que vas al médico porque te “sientes mal” y no sabes lo que tienes y después de Rayos X y análisis te contestan que “no tienes nada”, “que deben ser los nervios”?.

La respuesta que necesitabas oir puede ser esta: Es posible que tengas una personalidad fuertemente ansiosa, y que canalizas tu intranquidad y malestar general psicológico a través de tu cuerpo, es decir, que sacas afuera tu ansiedad sintiendo dolores, malestares, etc. Y para entender mejor esta situación necesitamos hablar del Sistema Nervioso Central y cómo este se vincula o se relaciona con nuestro cuerpo y con nuestro psiquismo

El Sistema Nervioso Central forma parte del grupo de sistemas que constituyen el cuerpo humano. Del mismo modo que tenemos un sistema digestivo que hace posible la asimilación de las sustancias nutritivas necesarias para el mantenimiento del cuerpo, y un sistema circulatorio que lleva el oxigeno y otras sustancias alimenticias en la sangre a todas partes del cuerpo… asi tambien tenemos el complejo, eficiente, y posiblemente más interesante de los sistemas de organos que es el Sistema Nervioso Central.

Este Sistema se compone de aproximadamente 12 millones de celulas nerviosas que pueden enviar mensajes a velocidades que exceden a las de muchos automóviles de carreras y que además tienen el poder de recuperarse de los choques emocionales más intensos. El Sistema Nervioso Central de los humanos y de los vertebrados superiores se componen de tres partes principales:

1.- Sistema Nervioso Central formado por el encéfalo y la médula espinal que controla todas las actividades superiores del organismo.

2.- Sistema Nervioso Periférico que consta de las diferentes ramas nerviosas que salen del Sistema Nervioso Central y que llevan y traen los impulsos nerviosos de todas las partes del cuerpo al cereblo y vice-versa.

3.- El Sistema Nervioso Autónomo que controla la conducta automática del cuerpo como por exemplo, las pulsaciones del corazón, el ritmo respiratorio, etc.

El substrato natural directo de los fenómenos psíquicos y, por lo tanto de la via psíquica, es el sistema nervioso central. Eso quiere decir que la base del cuerpo humano sobre la que se opera el fenómeno psíquico (sentir, desear, pensar) es el Sistema Nervioso Central. Hoy día se cree que el fenómeno psíquico (sentir, desear, pensar) no es innato sino que se forma y desarrolla a partir del nacimiento humano usando como punto de partida el Sistema Nervioso Central. Como se desprende de lo que acabamos de decir, el desarrollo del psiquismo y el desarrollo del Sistema Nervioso Central interactúan mutuamente a lo largo de la vida y de forma más patente durante el proceso de la vida y de la actividad del niño.

Veamos esto último: El niño nace con una determinada organización nerviosa hereditaria, la cual si bien no predetermina el desarrollo psíquico, si lo condiciona esencialmente. En adición todo niño tiene un modo natural individual de desarrollo. Cada niño no solamente se desarrolla con distinta rapidez sino que individualmente pasa por diferentes fases de desarrollo “a su estilo”.

Todo lo anterior nos lleva a comprender mejor que la actividad del sisema nervioso no es totalmente igual para todos los hombres. Sino que existen sujetos con mayor fortaleza en sus procesos nerviosos y que habrá otros que tendran mayor facilidad para cambiar de un estado de excitación a uno de inhibición y vice-versa. Siguiendo, pues estos criterios, puede decirse que el fenómeno psicológico de cada uno de nosotros estará condicionado por el tipo de actividad nerviosa que tenga.

De acuerdo con esto, el fenómeno psíquico -pensar, desear, amar…- y el tipo de actividad innata que tenga el sistema nervioso va a contribuir a que hayan sujetos que sean más impresionables que otros, o más excitables que otros.
En un principio se creía que todas las enfermedades psicológicas se debían a enfermedades en el cerebro o en alguna otra parte del sistema nervioso central por eso se le llamaba a la ansiedad “nerviosismo”. En la mayor parte de los trastornos psiquiátricos, no hay ninguna imperfección aparente en el tejido nervioso del cerebro, ni demás organos, sino que es la reaccíon de la personalidad individual a una específica situación de lavida, incluyendo sus experiencias interpersonales. Por tanto, casi en la generalidad de los casos en que los sujetos se quejan de intranquilidad, irritabilidad, o “nerviosismo” y no hay dificultades en el funcionamiento del Sistema Nervioso Central, lo que se está planteando es que la persona tiene Ansiedad.

Publicado en el periódico El Sol de la Florida, Tampa, 27 de Febrero de l982.

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Es muy frequente escuchar comentarios tales como: “Fulano no actúa como un adulto”, o “A pesar de la edad que tiene, ella no es madura”, “Qué persona más inadaptada” cuando esas personas están atravesando períodos de crisis o de inseguridad, o cuando no parecen tener o actuar con confianza en sí mismos. Se nos olvida que es perfectamente normal que ante circunstancias no esperadas expresemos nuestro temor e intranquilidad  actuando en formas sorpresivas, indecisas, o demos respuestas incluso inadequadas, o tengamos actitudes no esperadas de nosotros.

He notado que cuando situaciones como las anteriores suceden, como decimos los cubanos que cuando “perdemos la tabla”, busquemos la explicación an nuestras reacciones culpando a los demás de ello, o vayamos al consabido “porque mis padres…”. Es cierto que existen muchas dificultades que se derivan de la forma en que nos criaron y educaron. Es cierto tambien que en ocasiones las dificultades matrimoniales han sido tales que la crianza de los hijos se convierte en una carga y que tal vez hayamos cometido el error de decir “aguanto todo esto, solo por ustedes”, o incluso en momentos de frustraciones comentar “eres igualito a tu papá o a tu mamá” descargando asi nuestro malestar en quienes no tiene responsabilidad alguna en lo que la pareja esta viviendo.

Ahora bien, cualquiera que sea el nivel de responsabilidad de los padres, nosotros, una vez alcanzada la juventud y madurez somos los únicos responsables de nuestras acciones y actitudes en la vida. Como adultos somos los únicos responsables de nosotros mismos. Si ahora te va bien o te va mal, analízalo despacio, y te darás cuenta de que eras y eres libre de hacer tus opciones, de decidir y de actuar. Debemos por tanto aceptar la responsabilidad de nuestras acciones y actitudes, solo cuando hagamos esto cuando tengamos el valor de -entre comillas- acusarnos de lo mal hecho o de lo mal deseado, podremos volver a empezar y hacer entonces las cosas bien. No olvides la frase “el triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error” y de esta otra tambien “quien se justifica de un error lo comete dos veces”.

Cualquier momento es bueno para volver a empezar, pero volver a empezar consciente de que nuestro presente edificará el futuro. Y cuando decimos volver a empezar conviene recordar que la una premisa importante para volver a empezar es escudriñar en el por qué actuamos, sentimos, pensamos, o deseamos incorrectamente. Conocernos a nosotros mismos es el paso previo a actuar consciente en la vida.

Una sugerencia para ayudarnos a conocernos es: dibuja una figura vacíam solo en contorno, y comienza a llenarla escribiendo dentro aquellas cualidades, capacidades, deseos, ambiciones, motivaciones que reconoces tener en la vida. Siendo verdaderamente sinceros con nosotros mismos al terminar esta tarea tendremos una bonita imagen de nosotros mismos. Tal vez ante ella quieras darle gracias a Dios y a quienes contribuyeron que fueras como eres hoy en dia: tus padres, tu familia, tus amigos, tus profesores…Este verte como eres te ayudará en primer lugar a ver la vida de forma diferente y a ser capaz de volver a empezar.

Más aún. a partir de este momento inicial de encuentro contigo mismo, puedes reflexionar qué deseas hacer con tu vida, qué puedes hacer para aceptar y para  cambiar tus circumstancias, puedes planificar tu vida y conducirla de acuerdo a tus principios, ideales, y deseos. Asi… no serás un títere de tus circunstancias sino el artífice de tí mismo.

Publicado en el periódico El Sol de la Florida, 1982. Tampa, Florida.

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que al conocerse mi profesión u oficio, se suscitan comentarios donde todos de una forma u otra expresan su estado de tensión con comentarios o anécdotas sucedidas acerca de sus preocupaciones, faltas de paciencia, agresividad, nerviosismo.

Cada uno de nosotros en un momento dado es el resultado complicado de sus propios deberes, preocupaciones, dificultades pesonales, etc. pero al propio tiempo de una forma más o menos directa cada uno de nosotros, en un momento dado, refleja las tensiones y dificultades de aquellos que comparten su vida diaria -en el hogar, en el trabajo, en la comunidad. De ahí que podamos plantearnos, ¿hasta qué punto nuestra stuación personal en un momento dado es el resultado de nuestro entorno ambiental o es simplemente expresión de una inadaptación personal, o a un desajuste emocional, o a una alteración en la formación de nuestro carácter.

Pienso que la forma en que mejor podemos analizar esta situación individual y descartar que la ansiedad, agresividad, nerviosismo de la persona es su respuesta a la tensión típica (stress) del medio ambiente solemos analizar algunos principios:

  • ¿cómo son las relaciones interpersonales? Si es alguien que siempre le encuentra un “pero” al los demás es muy difícil que pueda aceptar y respetar a los demás “tal cual son”.
  • ¿cómo se siente consigo mismo? Si la persona está continuamente criticándose a sí mismo, no se atreve a dar pasos en su vida por miedo a equivocarse, o da muestras de no aceptarse tal cúal es es muy difícil que pueda aceptar y respetar a los demás a los demás con sus errores y triunfos en la vida.
  • ¿cúal es su estado de ánimo cotidiano? Si la persona vive y camina con una nube gris o negra sobre su cabeza que le lleva a ver y a enjuiciar las cosas negativamente, le será muy difícil sobrellevar las dificultades del diario vivir y más difícil aún le será adaptarse la sus circumstancias.
  • ¿cómo ve el futuro? ¿es su vida un continuo interrogante que le lleva a vegetar día tas día y nada más?

Creo que estas preguntas nos ayudan a todos a entender por qué a veces se nos hace diícil co-existir y proyectamos en los tiempos difíciles que vivimos la culpa de sentirnos mal.

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Cuando las parejas deciden aceptar, ante Dios y ante la sociedad, el compromiso y la responsabilidad que conlleva empezar una relación íntima de amor y de entrega con quien han elegido, lo hacen deseando que dicha relación sea “para siempre”. Por eso juran amarse “en salud y enfermedad”, “en pobreza y en riqueza”, “en las alegrías y las tristezas.”

Pero la relación matrimonial no es estática sino que “está continuamente haciéndose” (Berger, 1971). A medida que van pasando los años, las necesidades individuales y de la pareja van cambiando y las circunstancias que les rodean van reclamando nuevos ajustes en la forma de percibir, entender, y sentir. Y para casi la mitad de las parejas Hispanas que viven en los Estados Unidos estas tensiones normales de crecimiento van acompañadas de los retos que conlleva el ser familias inmigrantes, en transición cultural.

En este caminar hacia la realización de la común unión matrimonial todas las parejas cuentan con una poderosa ayuda que no siempre recuerdan: la gracia del sacramento del matrimonio que ellos se administraron y que van haciendo realidad en su cotidiano vivir en común unidad. En algunas oportunidades la pareja necesita buscar ayuda externa y es entonces cuando los familiares, los ministros eclesiales, o los terapeutas vienen a jugar un papel importante. Su tarea no consiste en “arreglar” sino en “acompañar” a la pareja en crisis mientras juntos descubren formas “nuevas” de ver, de negociar, de relacionarse, de entender y de actuar en la realidad que confrontan.

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Los estudios y la experiencia que se desprenden del análisis de la migración Hispana nos muestran que la migración interrumpe el crecimiento interno de la pareja y crea procesos de confusión e inseguridad, desde el momento en que comienza a planearse: ¿comparten los dos el por qué y el para qué necesitan emigrar?, ¿merece la pena el riesgo que se corre?, ¿pueden los dos miembros de la pareja emigrar al mismo tiempo?, ¿tiene la pareja la opción de llevar con ellos a sus hijos?, etc.

Por regla general, los dos miembros de la pareja no emigran juntos sino que viene primero uno de ellos y más tarde, si las condiciones son propicias, viene el otro miembro, y después, si se puede, vienen los hijos. Este desmembramiento de la unidad matrimonial rompe las relaciones emocionales internas hasta ese momento logradas, debilita los patrones de comunicación alcanzados entre ellos, y crea un sentimiento nuevo de soledad al sentirse cada uno de ellos incompleto sin el otro.

Junto al desarraigo de su medio ambiente cultural y social, la pareja inmigrante experimenta también sentimientos de marginación debido al desconocimiento del lugar, del idioma y de las costumbres. Por eso es primordial que la pareja inmigrante se esfuerce en tener una comunicación franca y abierta entre ellos, para que puedan definir y fortalecer sus sentimientos, y para que discutan igualmente los desafíos y las incertidumbres que enfrentan. La comunicación es así la herramienta clave, capaz de sanar las heridas que el proceso migratorio trae a su relación y la que mejor puede reestablecer la vida emocional e íntima de la pareja.

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Hay muchas teorías que tratan de explicar por qué elegimos y nos casamos con una persona y no con otra. ¿Elegimos porque se parece a nosotros? ¿Elegimos porque es distinto que nosotros y de esa forma nos complementan? La elección del compañero(a) es un proceso que ambas partes van haciendo, la mayoría de las veces a un nivel inconsciente. Tal vez el primer momento sea de una mera atracción física pero después, y según el grado de madurez de las personas, algunas parejas se interesan realmente por saber si verdaderamente son compatibles, es decir, empiezan a examinar si hay valores, puntos de vista y características que comparten y que los pueden unir a pesar de las normales diferencias entre ellos.

Ahora bien, cuanto más similitud existen en una pareja, más fuerte y mejor se establece la unidad y la mutua valoración entre ellos. Pues, como dice la Teoría Social de la Validación cuanto más coincidencia existe en valores, criterios, expectativas e ideales que comparten los miembros de la pareja, más se refuerzan la propia imagen y el propio valor de cada uno de ellos (Véase Berscheid y Walster, 1969).

Esta búsqueda de esta similitud es algo que, según estudios, cada uno de nosotros realiza de forma inconsciente, pero regidos por los parámetros que traemos desde la niñez. Así, las muchachas eligen un compañero cuya forma de ser sea “similar” a la de los hombres de su casa, con los que se crió (padre, padrastro, hermano, primo, tío). De igual forma, el muchacho elige a una joven “similar” a aquellas que le ayudaron a desarrollar su definición de lo que es una mujer (madre, hermana, madrina, tía, prima).

Así mismo, las ideas acerca de las funciones y el papel que el hombre y la mujer deben tener dentro de un matrimonio las recibimos de lo que el medio ambiente y las tradiciones culturales nos enseñan al respecto. Por eso, cuando los miembros de una pareja crecieron y se educaron en ambientes culturales distintos, el proceso de ajuste entre ellos les supone más esfuerzo. Les exige que continuamente se pregunten entre sí el por qué de sus actitudes y se vean obligados a discernir de común acuerdo qué tipo de rol van a escoger dentro de su vida matrimonial.

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Todos estamos de acuerdo en que nos casamos para crecer juntos y vivir juntos –en las buenas y en las malas. Pero este compromiso adquiere rasgos particulares cuando debe vivirse en otro país, a causa de la migración a la cual muchas parejas y familias se ven forzadas. Este es un tema al cual la Iglesia le dedica continuamente espacios de reflexión en búsqueda de luces y soluciones que ayuden a los migrantes y las sociedades que los reciben. (Véase Juan Pablo II. 1981. Exhortación Apostólica sobre la Familia Familiaris Consortio. PPC, Madrid, España).

La migración trae consecuencias muy delicadas para la pareja y sus familias. Implica remover las raíces culturales e históricas de cada individuo para volver a plantarlas en nueva tierra. Pero además, trae consigo la interrupción del proceso de crecimiento interno a la pareja y la familia, hasta que se logre un nuevo ajuste a la situación. Pero si además el núcleo familiar se vio afectado por la separación geográfica de sus miembros, el reto se vuelve aún mayor. Del nivel de adaptación que posea la persona que migra dependerá en gran grado su ajuste a las nuevas condiciones y la posibilidad de que su crecimiento individual y familiar continúen, más allá de la crisis normal del primer momento.

Para el individuo, para el matrimonio, para la familia la migración conlleva una interrupción de todos los procesos de crecimiento para sobrepasar el dramático reto que la migración conlleva. Y si la migración conlleva la desintegración del núcleo familiar el reto es aún mayor.

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Crecemos cuando adquirimos nuevas formas de ver la vida, de entender, de relacionarnos, de comunicarnos, de tomar decisiones, y de actuar dentro de la experiencia matrimonial y familiar. Cuando un miembro de la pareja o de la familia crece, la pareja como tal se ve retada a hacer ajustes en su relación que correspondan a las nuevas circunstancias y necesidades de cada persona y de la pareja o la familia en general.

El crecimiento dentro del matrimonio y de la familia conlleva un período inicial llamado crisis. La palabra crisis se asocia con las palabras reto, cambio, desbalance, inestabilidad. La crisis es una oportunidad de crecimiento pero puede ser también una ocasión de estancamiento y de deterioro en las relaciones matrimoniales y en las relaciones familiares.

Dentro del matrimonio hay crisis que son predecibles y otras que nos toman de sorpresa, pero su magnitud o impacto en la vida de cada pareja depende tanto de la madurez y estabilidad emocional de cada persona, como del apoyo o presión del entorno.

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Hay tres momentos claves en la vida del ser humano que deciden y determinan la vida de éste en su presente y en su futuro. Uno de ellos es la elección de la profesión o del oficio a desempeñar en la sociedad; otro es el discernimiento de la propia vocación o elección de estado de vida –soltero/a casado/a, consagrado/a a Dios; y por ultimo, la decisión y aceptación ante Dios y ante la sociedad del compromiso y de la responsabilidad que conlleva empezar una relación íntima y especial de amor y de entrega con quien hemos elegido.

Esta común-unión de dos vidas tiene consecuencias a corto y a largo alcance en primer lugar en la propia definición de cada uno de los conyuges: ¿cómo soy?, ¿quíen soy?, ¿cúanto valgo?; y en segundo lugar, en la forma en que respondemos a las demandas que vivir en pareja conlleva para los conyuges, sus familias y los demás.

Cuando las parejas deciden aceptar este compromiso lo hacen convencidas que el compromiso proclamado es permanente, “hasta que la muerte nos separe” y que “la salud y la enfermedad”, “la pobreza y la riqueza”, las alegrías y las tristezas”, “los tropiezos y los exitos” no seran sino escalones, algunos más dolorosos o gratificantes que otros, en el crecimiento de su relación matrimonial.

La relación matrimonial no es estática sino que “está continuamente haciéndose” (Berger, 1971). A medida que van pasando los años, las necesidades individuales y de pareja van cambiando y las circunstancias que les rodean van reclamando nuevos ajustes en la forma de percibir, entender, sentir, responder para asi poder funcionar más efectivamente como personas y como pareja. De la misma forma que como individuos eramos diferentes en la adolescencia que en la edad adulta, como pareja somos diferentes en durante el noviazgo, la luna de miel, el nacimiento del primer hijo, los problemas asociados a la realización personal de cada conyuge, o cuando los hijos abandonan el hogar y se queda la pareja de nuevo frente a frente.
En este caminar hacia la realización de la común unión matrimonial las parejas cuentan con una poderosa ayuda que no siempre recuerdan: la gracia sacramental. La conocida frase “la familia que reza unida permanece unida” es una realidad. La gracia sacramental y el amor que se profesan y que como llama necesita ser alimentado diariamente. En algunas oportunidades la pareja necesita buscar ayuda externa y es entonces cuando los familiares, los ministros familiares, o los terapeútas vienen a jugar un importante papel no “arreglando” sino “indicando formas nuevas de ver, de relacionarse, de entender” la realidad que confrontan..

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Tanto para la comunidad de fe como para la comunidad social todo matrimonio representa un símbolo vivo de amor, de compromiso y de la comun-unión de sus vidas, de sus valores e ideales, de sus proyectos a corto y a largo alcance. Podemos afirmar que la renovación de la comunidad de fe y de la comunidad social descansa en el sí que ambos conyuges se dan.

Pero no siempre la comunidad social provee los medios económicos o la seguridad social, o el respeto a las individualidades y a los derechos humanos  necesarios  para que la pareja puedan sobrevivir física y psicológicamente y, más importante aún, puedan proveer un medio ambiente saludable para el bienestar y el crecimiento de sus hijos. Es entonces cuando se piensa en migrar a otra región o a otro país.

Los estudios y la experiencia que se desprende del análisis de la migración Hispana nos muestra que la migración interrumpe la vida de la pareja y crea procesos de confusion e inseguridad en el período preparatorio a ella: ¿comparten los dos el por qué y el para qué necesitan emigrar?, ¿merece la pena el riesgo que se toma?, ¿pueden los dos miembros de la pareja emigrar al mismo tiempo?, ¿tiene la pareja la opción de llevar con ellos a sus hijos?, ¿tiene la pareja la opción de no perder lo que ya tiene construído en su país de origen?, ¿

Por regla general, los dos miembros de la la pareja no emigran juntos sino que viene primero uno deellos, y más tarde si las condiciones son propicias, viene el otro miembro, y después, si se puede, vienen los hijos. Este desmembramiento de la unidad matrimonial rompe las relaciones emocionales internas logradas, en la mayoría de los casos debilita los patrones de comunicación alcanzados entre ellos, y crea un sentimiento nuevo de soledad al  sentirse cada uno de ellos incompleto.

Junto al desarraigo de su medio ambiente cultural y social, la pareja migrante experimenta un sentimiento de marginación debido al desconocimiento del idioma y de las costumbres del nuevo lugar. Es entonces que pareja inmigrante necesita tener franca y abierta comunicación donde se definan los sentimientos y se fortalezca la unidad de propósitos para enfrentrar el periodo de aprendizaje que tiene por delante.

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